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Siguiendo los pasos del padre Luis Moisés Jardín y de un secretario de juzgado, EL PERIODISTA logró develar algunos hilos de la trama secreta de una Liga que con el pretexto de combatir el narcotráfico actúa de un modo que, por lo menos, suscita sospechas.
Con
una carta enviada al cardenal Raúl Primatesta el 28 de octubre de 1988, la Liga
Católica Argentina Pro Campaña Latinoamericana de Ayuda al Drogadependiente, o
sencillamente Prolatín, formalizó su aparición en la vida pública e inició
sus contactos con la jerarquía eclesiástica; vínculos que aún son turbios e
intrigantes. La carta, fechada en
Bella Vista, lleva las firmas del padre Luis Moisés Jardín, "asesor
especial", el doctor Jorge César Quadro, “Presidente" y de Héctor Omar Jesús Peralta, “coordinador general".
Un dato que al parecer no encierra nada de reprochable.
Al fin de cuentas se trata de una liga que presuntamente pretende luchar
contra la droga, y que motivada por la fe católica de sus integrantes se dirige
al cardenal para obtener su beneplácito. Detrás de las palabras, los símbolos
y los nobles objetivos, empero, se oculta una organización de perfil
inquietante, suerte de grupo para-policial que con magnífica impunidad allana
locales nocturnos, abofetea jóvenes y luego los entrega en comisarías.
Si
al hecho de que diversos oficiales de la policía de la provincia de Buenos
Aires aprueban y auspician los métodos ilegales de Prolatín, se agregan los
notorios contactos de sus integrantes con militares golpistas y hombres ligados,
paradójicamente, al narcotráfico, la suma no puede menos que causar preocupación.
El presidente de este grupo, además, oficia de secretario del Juzgado Criminal
y Correccional número 3 de San Isidro y fue profesor de Derecho en la
Universidad del Salvador. "Suerte que
ocupa un despacho en otro edificio,
porque Quadro piensa que vive en el
medioevo", comentó un importante juez federal. La trama de Prolatín,
sobre la que a continuación se arroja escasa luz -sus conexiones son
impredecibles-, enlaza a los mencionados con el coronel Mohamed Alí Seineidin,
Enrique Grassi Susini y distintos comisarios de la provincia. Al decir de un ex
ministro de la provincia de Buenos Aires, "no
sorprendería descubrir que detrás de todo esto se
encuentra una banda de narcotraficantes”.
¿La
vuelta de los para-policiales?
Uno
de los primeros operativos realizados conjuntamente por el grupo armado de
Prolatín y la Policía de la Provincia de Buenos Aires consistió en el
allanamiento de una discoteca llamada Stylo, situada en Boulogne, a metros de la
estación del ferrocarril. Alí, en octubre del año pasado, el Departamento
Operaciones de la Liga (ver organigrama) encomendó a sus hombres que efectuaran
lo que el doctor Quadro denomina "tareas de ínteligencia" A lo largo
de varias noches, los agentes de Prolatín bebieron en el local, se embriagaron,
se granjearon la confianza y la deferencia de algunos de los jóvenes que
frecuentaban el sitio, y, por lo visto, descubrieron que allí se consumía algún
tipo de droga. Notificado del hallazgo Quadro entró de inmediato con el "enlace
policial" -según palabras-:
el comisario Guillermo R. Rebollo, de la comisaría 5a de San Isidro: A mediados
de aquel mes, y tras urdir un plan de operaciones en el que participaron Rebollo
y la plana mayor de 1a mencionada comisaría y de la Unidad Regional Tigre,
prolijamente encolumnados junto a los comandos de Prolatín, allanaron el lugar.
Los hombres que asesora espiritualmente Jardín destruyeron todo. “Actuamos
autorizados por el juez
Alberto Piotti" dice Quadro. El magistrado, sin embargo, afirma
desconocer la existencia de Prolatín.
La
relación entre Quadro y Rebollo no es fortuita. El comisario conoce,
detalladamente el tema del consumo de drogas: durante años cumplió funciones
en la Dirección de Toxicomanía de la Policía de la Provincia de Buenos Aires
en Ramos Mejía. En 1987, el entonces subsecretario de Seguridad de la
provincia, Armando Caporal, lo echó. Había descubierto que Rebollo estaba
involucrado en el narcotráfico. Sin embargo, y tal como sucede a menudo con
innumerables funcionarios policiales que se ven envueltos en delitos, no fue
expulsado de la institución sino derivado a Béccar. Ahora es vecino del doctor
Quadro.
El
segundo procedimiento conocido de Prolatín se lleva a cabo el 20 de noviembre
de 1988. Nuevamente los agentes de la Liga Católica, confundiéndose con los jóvenes,
rastrean con astucia drogas y comunican con urgencia el hallazgo a Quadro;
nuevamente el abogado y su "enlace
policial". Ya no es Rebollo, porque la discoteca se llama Látex
y está ubicada en San Miguel. Recurre, pues, a los oficios del comisario Angel
D. Scorsetti, de la Unidad Regional San Miguel. El jefe policial, sin embargo,
resuelve que el subcomisrio Alfredo Azcárate se haga cargo del operativo
conjunto. En la madrugada de un domingo, y cuando al grupo musical Los
Violadores le faltaban pocos minutos para entrar en escena, alrededor de diez
hombres vistiendo ropas de civil, camisetas, alguno con camisa hawaiana,
blandiendo armas cortas y a los gritos, irrumpen en el local. Desestiman
sutilezas; aporrean a los jóvenes presentes, lanzan puntapiés, vociferan. En
sus pechos llevan un rectángulo de cartón con la inscripción Prolatín.
"Incluso dice Pil Trafa,
líder de Los
Violadores - en determinado momento a uno de ellos se le cae el distintívo y yo
se lo levanto. Era de cartón y sólo tenía inscripta esa palabra, bien legíble".
Según testimonios, los comandos de la Liga golpearon furiosamente al encargado.
"Uno
de ellos se restregaba las manos lamentándose por lo 'mal' que le había pegado
a uno",
recuerda Pil Trafa sin ocultar su azoramiento. "Parecía drogado",
agrega.
Tras
el grupo de civiles armados llegó la policía, al mando de Azcárate.
Detuvieron a 353 personas; algunas fueron derivadas a la comisaría de
José C. Paz, otras a la de Bella Vista. El inspector Romero, de esta unidad
policial, confirmó a EL PERIODISTA que allí permanecieron detenidos Los
Violadores y admitió que Prolatín "es
un grupo de civiles", aunque dijo no saber "muy bien qué hacen". Similar expresión a la del inspector Rivas, de la Unidad
Regional San Miguel, que visiblemente conturbado recomendó hablar con
Scorsetti, “porque es él el que se contacta con esa gente".
Refieren
Los Violadores que en la comisaría de Bella Vista los agentes se quejaban por
el modo alocado de actuar que caracteriza a los comandos de Prolatín. Dicen que
no les agrada trabajar con ellos. Liberado, Pil Trafa concurrió al juzgado
federal de San Isidro. Allí tuvo acceso a su causa; como denunciantes aparecían
el padre Luis M. Jardín y el doctor Jorge C. Quadro. Fuentes consultadas por EL
PERIODISTA sugieren que el vigoroso operativo en Látex -desde entonces cerró
sus puertas; quedó virtualmente destruido- fue motivado por el arrebato de
Quadro, quien habría advertido que uno de sus hijos frecuentaba el lugar. Integrantes de Los Violadores, posteriormente, denunciaron
este hecho en el programa Con Ustedes, de
Femando Bravo. No tuvieron eco.
De
todos modos, uno de los procedimientos o acciones más osados se llevaría a
cabo en la primera quincena de diciembre, durante la rebelión militar
encabezada por el coronel Mohamed Alí Seineldín en Villa Martelli. Tal cual lo
denunció esta revista en su número 221 -información que aún no fue
desmentida y que originó un pedido de investigaciones de parte del diputado
Baylac, de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires-, el domingo
4 partió desde la parroquia Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción (a
cargo de Jardín) una decena de hombres armados con destino al cuartel sublevado
y a los gritos de "¡¡Viva Seineldín!!" El mismísimo padre
Jardín confesó, en el transcurso de una curiosa conferencia de prensa ofrecida
el último viernes 27 de enero -luego de los sucesos de La Tablada y a lo que
nos referiremos más adelante-,que "así como habían enviado (Prolatín)
comandos a Villa Martellí", también los habían enviado a La Tablada.
En Villa Martelli, es pertinente recordarlo, fueron asesinados tres civiles.
El
integrismo que enlaza al sacerdote con el coronel es público y notorio. Jardín,
como se recordará, visitó al militar en Campo de Mayo. Quadro, por su parte, dice
"estimar profundamente al coronel". Los tres, empero, se
encuentran unidos por un cuarto hombre, quien indistintamente presta servicios a
unos y otros.
Cuando
Grassi Susini trajo a Seineldín. Enrique Mono Grassi Susini, el ex jefe de la
Policía de la Provincia de San Juan en los años 1973 y 1974, cuando -gobernaba
Eloy P. Camus, fue señalado por diversos ex funcionarios del gobierno dé la
provincia de Buenos Aires como el posible jefe del grupo de choque de Prolatín.
Su experiencia es vasta. Ya en 1974 -jefe de la policía, todavía- solía
atemorizar a empleados y directivos de Eudeba estacionando su Ford Falcon
oficial frente a las oficinas de la editorial universitaria, cargado de
explosivos y armas. Lo último que de él se sabe -de acuerdo con un informe de
los servicios de inteligencia del Uruguay-, es que el día 30 de noviembre de
1988 a las 1 5 y treinta, llegó a dicho país a bordo de un aliscafo; lo acompañaba
un hombre apellidado Pérez y ambos se hospedaron en el Hotel Leoncia, habitación
339, de Colonia. Horas más tarde,
Grassi Susini alquiló un Chevette verde, de cuatro puertas, matrícula B5558,
en la empresa Budget. Se ignoran luego sus pasos hasta las 16 horas del día 1°de
diciembre, momento en el cual Susini se encuentra con el coronel Seineldín -que
había arribado al Uruguay en un avión PA 42 Cheyenne con matrícula panameña-
y juntos abordan un aliscafo que dos horas más tarde los deja en Buenos Aires.
El
envío de hombres de Prolatín a sitios en los cuales su presencia es inaudita e
inexplicable, vuelve a suceder en La Tablada. En la conferencia de prensa
mencionada -a la que sólo fueron convocados Radio Mitre, la revista Somos y el
Canal 2- el padre Jardín y un tal Ángel Díaz presentaron documentos
personales de Jorge Baños y de Osvaldo Farfán, también el original de un
supuesto “plan de operaciones"
que habrían localizado en alguno de los bolsillos de los terroristas y
otros elementos "secuestrados" a los atacantes, tales como cassettes,
armas y unos pocos gramos de cocaína. ¿Cómo Prolatín obtuvo semejante botón?
El doctor Quadro lo explica así: "El
día viernes se presenta personal militar o policial, como ustedes quieran
llamarlo, ante el padre Jardín. Le expresan que debido a la situación reinante
disponen de pruebas incautadas en La Tablada y que se las dan a él para que las
entregue a quién corresponda. ¿Quiénes son? -se pregunta el abogado encogiéndose
de hombros-. Yo desconozco quiénes eran, sí gente conocida del padre". No es improbable que Quadro estuviese al tanto de que los
hombres de su Liga irían a participar en La Tablada, pues encontrándose en Mar
del Plata en el domicilio de su hermano, Alejandro, voló de inmediato a Buenos
Aires. ¿Para qué? "Para encontrarme con el padre
Jardín y contactarnos con el oficial de enlace de la Policía Federal".
En
Mar del Plata, el doctor y su hermano concedieron un reportaje al periódico La
Capital; en la charla hablan de su "cruzada
contra la Narcobanca "y afirman que "la
institución mantiene reuniones permanentemente con el ministro Nosiglia".
Las
palabras de Quadro, sin embargo, fueron desmentidas por el coordinador de la
Comisión Nacional de Narcotráfico y Legislación y jefe de asesores del
ministro Nosiglia, doctor Daniel Larriqueta, quién aseguró a EL PERIODISTA que
“jamás nos hemos contactado con esa entidad".
La
Liga misteriosa. Pese a la buena disposición del doctor Quadro para referirse a
la obra de la entidad que preside -y para negar o sutilmente eludir las
respuestas respecto del innegable para-militarismo que profesan sus hombres (ver
entrevista)-, la Liga Prolatín es desconocida en ámbitos en los que, dado el
impune accionar de su gente, no podía pasar inadvertida. El juez Piotti ya se
ha dicho ignoraba su existencia. Otro letrado que no ocultó su sorpresa y su
indignación fue el doctor Alejandro Sañudo, juez federal de Morón. Los únicos
funcionarios que aportaron algunos datos sobre la Liga pertenecen a la policía.
Precisamente con quienes el doctor Quadro mantiene fluido contacto.
El
comisario inspector Verón, subdirector de la Dirección de Toxicomanía de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires, consultó la ficha de Prolatin. Extrañamente,
en sus anotaciones tenía asentado que la Liga se ocupa también de la ”lucha
contra el narcotráfico", una
tarea que, por supuesto, jamás puede llevar adelante una institución privada.
“Hablen con el presidente -aconsejó Verón, la dirección es Paraguay
3534, en la Capital”. En el
sitio indicado no hay sede de Prolatín alguna: se trata de una vieja "casa chorizo"; un pasillo estrecho y largo que comunica a
cinco casas: un sastre, un tapicero, una psicóloga, una imprenta y un sereno.
Ninguno de ellos había oído hablar jamás de Prolatín. Por
otra parte, para el inspector Varas -del Departamento de Drogas Peligrosas de la
Policía Federal-, la Liga recibe "a
los interesados" en la parroquia Nuestra Señora de la Inmaculada
Concepción, calle 88, número 737, del barrio de Villa Concepción. Domicilio
del padre Luis M. Jardín. En suma, un domicilio falso y otro engañoso. El
doctor Quadro es intrigante.
El
contraste entre la ilegalidad de las actividades de Prolatín, y la publicidad
que Quadro hace de ellas, es formidable. En noviembre del año pasado, luego de
que sus hombre allanaran dos discotecas y golpearan a los presentes, el doctor
fue entrevistado por la División Noticias de Canal 13. Por aquella época,
también, la Liga poseía un espacio en Radio Argentina: de lunes a viernes, y
de 23 a 24, el padre Jardín y el doctor Quadro asomaban sus palabras y en
ocasiones se aventuraban en enmarañados discursos a través de los cuales
intentaban convencer a los oyentes de las ventajas de aplicar la pena de muerte
a los narcotraficantes. El programa duró quince días. "Nos
habían donado el espacio", explica el abogado. ¿Quién? "El
padre Jardín lo consigue".
Las conexiones del padre Jardín con la jerarquía eclesiástica y con los sectores nacionalistas del ejército, son indescifrables. Hasta el momento la Iglesia no ha formulado comentario alguno sobre las públicas andanzas del clérigo. Al igual que los de Jardín, los pasos de Prolatín son sorprendentemente visibles. El doctor Jorge César Quadro atiende sus causas en la calle Belgrano al 300, San Isidro; sobre una de las paredes de su despacho se destacan un enorme crucifijo y una imagen de la Virgen; sobre una de sus mesas descansan varios ejemplares de la Executive lntelligence Review, publicación que dirige el célebre Lyndon LaRouche, "Léala". dice el doctor. Y luego la piel gruesa y crasa del rostro se le arruga y medita: "Hay un complot internacional dirigido por los grandes bancos y el FMI, en connivencia con la CL4 y la KGB para que el flagelo de la droga destruya al hemisferio sur" Una revelación que no debe atemorizar a nadie; Prolatín los detendrá.
DOCTOR JORGE C.QUADRO
“HACEMOS INTELIGENCIA SOLAMENTE”
¿Cómo lleva a cabo Prolatín los
procedimientos?.
¿Con quién trata en la Dirección de Toxicomanía de la Policía de la Provincia de Buenos Aires?.
Tenemos entendido que ustedes reciben apoyo económico de la DEA y de otras organizaciones similares de los Estados Unidos dedicadas a combatir el tráfico de drogas.
¿Cómo es su relación con el coronel Seineldín?.
¿Usted está a favor de la pena de muerte para los narcotraficantes?.
Según diversos testimonios Prolatín actúa como una suerte de grupo para-policial, ¿Cómo explica eso?.
Nota: Fernando Gómez
Revista El Periodista - Año 5 - Numero 230 - Febrero 1989 - HERNAN LOPEZ ECHAGÜE
Informes: FERNANDO GOMEZ

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