
Relacion
por Ruben Dri
Capitulo 5 del libro Teologia y Dominacion
5.1.-El Nuncio y la jerarquía ante la desaparición de personas.
5.2.1.-
Función ideológica del Vicariato Castrense
5.2.1.1.
El origen próximo para Occidente de los males que lo aquejan.
5.2.1.2. La mística del soldado cristiano.
5.2.1.3. Misión específica de los capellanes militares.
5.2.2.- La presión psicológica de los capellanes.
5.2.3. Los capellanes y el proceso de reeducación
5.2.4. Los capellanes en el nexo Iglesia Fuerzas Armadas.
5.3.- La Jerarquía frente a las Madres y Abuelas.
5.3.1.- Las Madres de Plaza de Mayo.
5.3.2.
El recorrido de Madres y Abuelas
5.3.3. La CEA nunca las reconoció.
5.3.4.-
La CEA les predicó el perdón.
5.3.5.- La Jerarquía pretextó
que las Madres estaban 'ideologizadas'.
.5.1.-El
Nuncio y la jerarquía ante la desaparición de personas.
Entre
tantos "crímenes aberrantes" cometidos por la Dictadura militar
"occidental y cristiana", sin duda que uno de los más atroces y que
mas repulsa suscitan es el de la desaparición de personas. Las cifras que
suelen dar los organismos defensores de Derechos Humanos es de 30.000. En la
acusación el fiscal Strassera consideró que había pruebas sobre 9.000 (1).
Nunca podremos saber su número exacto, porque la Dictadura se encargó de hacer
desaparecer minuciosamente las pruebas sobre el caso. El de 30.000 no parece
exagerado, pero no insistiré en el mismo. Si sólo fuesen 9.000 o muchos menos,
igualmente seria un crimen aberrante. Mi objetivo ahora es considerar cuál fue
la actitud de la Jerarquía Eclesiástica en sus más altos niveles al respecto.
Sobre ello poseemos bastante documentación, considerando de manera especial el
DDJ, pero hay mucha documentación que sin duda se conocerá con el correr del
tiempo.
1)
En primer lugar, es necesario recalcar que la Jerarquía desde un principio contó
con abundante información, siendo, en consecuencia mentirosas las afirmaciones
de algunos de sus miembros sobre la falta de información al respecto (2). Monseñor
Emilio Graselli, secretario privado del Vicario castrense, Mons.
Adolfo S. Tortolo, confesó que “por encargo del entonces vicario
castrense, Monseñor Adolfo Tortolo, que residía en Paraná, y dado que al
comienzo del 76, estas personas que tenían algún familiar desaparecido, no se
le recibía ninguna denuncia en ninguna repartición, acudían a Monseñor Tórtolo
a Paraná, o bien venían a la sede del Vicario Castrense; entonces, por orden
del entonces vicario castrense, yo comencé a ocuparme de tomar, recibir a estas
personas que venían a buscar una ayuda, un apoyo, siempre que tenían un
familiar desaparecido” (3). No cabe ninguna duda. Se trata de un testimonio
oficial, rendido ante la Cámara que está juzgando a los responsables del
genocidio, en consecuencia, ante el Supremo Tribunal de la Nación. Allí Monseñor
Graselli confiesa que desde principios del 76 recibió el encargo de la máxima
autoridad eclesiástica, pues Mons. Tortolo no solo era vicario castrense, sino
también presidente de la CEA, de atender los reclamos por la desaparición de
personas. Cumpliendo celosamente con su cometido Graselli va confeccionando un
fichero, aunque él modestamente dice: “algunos atacándome dicen que es un
fichero, pero son tarjetas (4) con el nombre de la persona desaparecida, la
fecha en que recibía al familiar, el documento de la persona desaparecida, el
lugar y la fecha en el reverso..." (5). Con respecto al número de fichas
que llenó de esa manera, el desprevenido Monseñor contestó: "la verdad
que no me he tomado el trabajo de contarlas, pero aproximadamente 2.500
casos"(6).
Un
estremecimiento de estupor e indignación nos invade. "No me he tomado el
trabajo de contarlas”, así, como no dándole importancia. Desaparecido más,
desaparecido menos, ¿qué añade o qué quita? Y son 2.500 casos confesados!
Por
otra parte, no sólo Tortolo estaba enterado de la misión de Graselli, dado que
él mismo se la había encomendado, sino que también lo estaba el Nuncio, el
amigo de Massera, Pío Laghi, pues frente a la necesidad de arreglar la salida
del país de unos “desaparecidos", dice Graselli: “Fui a ver al Nuncio
Pío Laghi y me dijo que los recibiera con los brazos abiertos, pero que tuviera
mucho cuidado porque la Nunciatura estaba custodiada" (7).
Abundan
los testimonios de los familiares de los desaparecidos que recurrieron al Papa,
al Nuncio y a los Obispos, recorriendo toda la escala Jerárquica. Roberto Cox
en su testimonio, queriendo exculpar a Pío Laghi pone al descubierto el pleno
conocimiento que el Nuncio tenía del problema: “desde el comienzo -Pío
Laghi- fue uno de los poc os que intentó llamar la atención de los militares
sobre los desaparecidos", y con respecto a la masacre de los Palotinos
dice: “'él sabia mucho más de lo que yo sabía" (8).
Sobre
la información que poseían tanto el Nuncio como el Papa no caben dudas.
Patricia
Derian informó ante la Cámara Federal: "Monseñor Pío Laghi, al igual
que muchos otros sacerdotes, si bien no todos, realizaban consultas a través de
sus contactos con el gobierno y los militares para tratar de averiguar de una u
otra persona desaparecida, y de esta manera iban logrando información; según
él me dijo tenían acceso directo a la Junta y habían hablado con ellos sobre
las prácticas que se seguían; él estaba plenamente informado y pudo entonces
si corroborar parte de la información que nosotros teníamos; estaba sumamente
apenado por la situación de la Argentina; se había comunicado con el Papa al
respecto (9).
Ninguna
duda, el Papa (10), el Nuncio, los obispos, estaban plenamente informados de la
práctica de desaparición de personas. La que esto testimonia ante la Cámara
Federal fue Coordinadora de Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios del Departamento de Estado (USA), cargo
que, a partir de 1977 pasa a ser subsecretaria de Estado para Derechos Humanos y
Asuntos Humanitarios.
Ella
dice que el Nuncio estaba enterado de la información que ella había recabado.
¿Cuál era esa información? La información con que contábamos sobre
Argentina indicaba que había una enorme cantidad de ciudadanos que estaban
desaparecidos de sus casas, de sus oficinas, de las calles, automóviles, etc...
que existían en algunos casos ejecuciones sumarias, que existían centros
secretos de detención donde estaban presas personas sin que se les formularan
cargos, que no se sabía en las familias, otras personas allegadas no conocían
el paradero de estas personas, que eran sometidas a torturas brutales"
(11).
El
obispo de Viedma, Miguel E. Hesayne, en diciembre del 79 dirigió una carta a la
Comisión Permanente de la CEA, en la cual expresaba: "Sabemos con certeza
y por diversos medios en cuanto Iglesia que nuestras FF.AA. han torturado y han
hecho desaparecer a hermanos e hijos nuestros en la fe, no importa el número"
(12)
2) En segundo lugar, la Jerarquía apoyó el sistema de la desaparición de personas en forma teórica y práctica. Teóricamente, por medio de la Teología de la Dominación que legitimó la DSN, como se ha considerado, y prácticamente, con el servicio del Vicariato Castrense, el cual, por medio del Vicario Adolfo Tortolo hasta 1982 y José M. Medina desde entonces; del Provicario Victorio Bonamín y de los 250 capellanes militares prestaron la debida "asistencia espiritual" a los desaparecedores. Debe tenerse en cuenta que el Vicario Castrense es elegido “por la Santa Sede de acuerdo con el Presidente de la República" (13). Si tenemos en cuenta el conocimiento abundante que el Papa tenía de la existencia de las desapariciones y de los centros clandestinos, se debe concluir que la Santa Sede dio su apoyo legitimador al sistema de las "desapariciones".
3)
Ciertos miembros de la Jerarquía tuvieron participación directa. Por
participación directa no quiero decir que hayan participado directamente en las
torturas o que hayan secuestrado personas, sino que estuvieron en algunos
centros clandestinos, tuvieron contactos con "desaparecidos", los
presionaron para que confesasen, o participaron en el llamado "proceso de
recuperación". Entre estos
miembros se debe hacer una clasificación:
1- Obispos. José M. Medina, siendo todavía obispo de Jujuy, pero haciendo méritos para ser Vicario Castrense, visitaba el campo de concentración de Guerrero, sitio donde probablemente "se reunían los curas en invierno" y realizaban "reuniones y cursillos con el obispo Medina" (14). En ese campo de concentración "la visita Medina... obligándola a denunciar a sus familiares, 'si usted no me dice 'en qué está, la va a pasar mal!-, 'debe confesar si quiere salvar a su marido y a su hijo!. Golpeaba la cama furiosamente; 'Ese Calilegua está lleno de subversivos´... El obispo Medina vio las cicatrices que tenia ella en las muñecas por los diez días que estuvo maniatada... y replicó 'qué va a hacer, eso le pasa por no hablar" (15).
Antonio
Plaza, capellán de la policía de Camps, fue visto con Camps en los campos de
tortura (16). El 8 de marzo de 1984, la APDH de La Plata presenta "una
denuncia contra el Arzobispo Antonio Plaza" por los presuntos delitos de
encubrimiento de torturas, privación ilegitima de la libertad y violaciones de
los derechos del funcionario público, mientras se desempeñó como capellán
general de la policía bonaerense. Se le atribuye además al Arzobispo haber
tenido conocimiento de la existencia de centros clandestinos de detención y de
haberlos visitado en compañía del ex-jefe del organismo de seguridad coronel
Camps (17). Jesús Plaza, sobrino
del arzobispo, querelló a su tío "por encubrimiento y mal desempeño de
sus funciones", debido a que sabía de la suerte corrida por su hermano (de
Jesús), "desaparecido" (18).
2)
Los sacerdotes de los ficheros. En este rubro entran Mons. Emilio Graselli con
sus 2.500 fichas confesadas y el sacerdote Iñaqui de Azpiazu con su más
modesto cuaderno de 150 páginas. En varios testimonios quedan a la luz métodos
de tortura sicológica empleadas por Graselli.
3-
Capellanes. Este es el nivel eclesiástico en el que la participación directa
fue más abundante y en niveles más profundos (Será desarrollado en el punto
siguiente).
4-
La Jerarquía siempre trató de ocultar la práctica de desaparición de
personas.
La
Jerarquía siempre negó la "desaparición" de personas, negó la
existencia de centros clandestinos y se unió a la mentira oficial sobre la
existencia de una campaña internacional antiargentina, todo lo cual ya se ha
probado. Cuando ya no fue posible ocultar esta verdad, trató de minimizaría y
de que no tuviesen lugar los juicios contra los culpables.
5)
Cuestionaron en forma abstracta la desaparición de personas en medio de
declaraciones en que se hablaba de otros temas. Nunca se formuló una denuncia
clara y terminante.
6)
Sobre todo, nunca se realizaron gestos, acciones que llamasen la atención sobre
este tema tan grave.
|
|
Mons. Adolfo Tortolo, arzobispo de Paraná, presidente de la CEA y Vicario de las Fuerzas Armada, producido el golpe militar el 24 de marzo de 1976, llamó a "cooperar positivamente a la restauracion del espiritú nacional" por consituir ello "una grave obligacion de consciencia" |
.5.2.- El Vicariato Castrense y los centros clandestinos.
En
toda la actividad legitimadora de la Dictadura Militar jugó un papel
fundamental el Vicariato Castrense con sus 250 sacerdotes y 130 capillas,
puestas a disposición de la cruzada antimarxista desatada por los militares.
Trataré de los rubros más importantes de la tarea cumplida:
.5.2.1.-
Función ideológica del Vicariato Castrense
En
primer lugar parece prioritario señalar la implementación de la teología como
ideología legitimadora de la acción represiva de los militares y justificadora
de la metodología con la que se llevaba a cabo. Esto corrió por cuenta
especialmente de las máximas autoridades del Vicariato Castrense, Adolfo S.
Tortolo como vicario desde el 76 al 82 y José M. Medina desde en adelante, a
los que es necesario agregar a Victorio Bonamín, Provicario hasta 1982, y
Antonio Plaza, capellán de la policía de Camps.
Ellos
fueron los Teólogos-ideólogos que, acompañados por otros obispos que ya hemos
considerado, sostuvieron con más ahinco la concepción de la relación más
estrecha entre la cruz y la espada, según la interpretación más cerrada del
agustinismo político. Dos aspectos deben ser tenidos en cuenta en esta Teología:
.5.2.1.1.
El origen próximo para Occidente de los males que lo aquejan.
Ya sabemos que el origen remoto está en el Mal, la "serpiente antigua", pero ésta actúa mimetizándose, asumiendo diversas encarnaciones. En occidente hubo una época en que se la mantuvo alejada. Fue la época medieval. A partir del Renacimiento, es decir, de las revoluciones modernas, comienza la apostasía, el alejamiento de Dios y la consecuente invasión del Mal con sus diversas encarnaciones. Tortolo y su equipo de colaboradores se encargarán de desarrollar esta Teología en la revista Mikael.
En
un articulo de Juan Casaubón aparecían nombradas las principales encarnaciones
del Mal en Occidente: Renacimiento, Reforma, Racionalismo, Revolución Francesa
y Liberalismo Socialismo, Comunismo (1).
Hay
una vía directa que va del Renacimiento, con el cual se quiere indicar todo el
fenómeno de la revolución burguesa, al Comunismo. Uno de los teóricos de esta
manifestación del Mal es Descartes, el cual “encarnaba una actitud espiritual
que pronto había de imponerse en el orbe de nuestra civilización y que con el
sugestivo nombre de revolución amenazaría la existencia de los fundamentos
sapienciales de la tradición (2).
Esta
concepción como lo hemos indicado, tiene sus raíces en el "agustinismo
político medieval, si bien, es posible ir todavía más lejos y encontrar
antecedentes" en la época de San Pablo y en algunos escritores cristianos
de los primeros siglos, como Taciano (S. II), (3); pero los fundamentos ideológico
-teológicos fueron desarrollados en la Edad Media, mediante el citado
agustinismo político que modernamente se denomina integrismo (4).
Esta
concepción supone el dualismo de base que hemos considerado al presentar la
DSN, con el absoluto dominio del orden espiritual sobre el material, lo que
significa dominio despótico de la Iglesia sobre el Estado, de lo sagrado sobre
lo profano. Cuando este dominio se rompe -lo que acontece con los inicios de la
revolución burguesa-, comienzan nuestros males. El Mal se apodera de la
historia. En Occidente es por ello que, a partir del Renacimiento, comienza el
reinado del mal que ha de culminar en el Comunismo.
Insisto
en esta concepción, porque, si bien parece burda, sin embargo ha tenido una
enorme eficacia para legitimar regímenes de fuerza que han asolado a la
humanidad.
| Mons. Ubaldo Calabresi el Nuncio de la "reconciliacion", sabia "guardar silencio" cuando ello era "lomas apropiado". |
|
.5.2.1.2.
La mística del soldado cristiano.
Esta concepción conlleva una determinada mística del soldado cristiano. Esta mística ha sido coherentemente mantenida por los Vicarios y el Provicario Castrense, en el período que va del 76 , al 83. La concepción de la presencia de "Dios en el soldado" que defendía Bonamín en 1976, es la misma que está presente en la concepción de los militares argentinos como "soldados del Evangelio" que sostiene Medina en 1982.
Tanto
Tortolo como Bonamín o Medina son buenos exponentes de esta concepción del
militar cristiano. Pero tal vez sea Tortolo la voz más autorizada. Sus
conceptos al respecto son sobrecogedores y permiten en cierta manera comprender
la "furia mística"
de ciertos militares como Videla. "El cristiano toma en sus manos -como
hombre que vive su conciencia sacerdotal- el don de la vida natural y la ofrece
a Dios destruyéndose o inmolándose en reconocimiento de la infinita majestad
de Dios y en prueba de su entrega definitiva al Ideal. Esto nos lleva a la
ofrenda en aras de un Ideal cuya raíz es Dios; al servir a la Patria hasta
morir por ella" (5).
Ya
tenemos los conceptos que fundamentarán la mística del soldado cristiano,
capaz de morir y de matar: La "Infinita Majestad de Dios", Dios
todopoderoso, el cual exige destrucción o inmolación. Dios es un Ideal que se
alimenta de la destrucción de la vida natural. Necesita sangre. De Dios deriva
la Patria, que viene a ser una encarnación divina; en consecuencia un Ideal que
solo vivirá de inmolación y destrucción.
"El
amor a la Patria es sagrado... Cristo amó a su Patria, sojuzgada entonces por
Roma. Dignificó y santificó de este modo el valor de la
Patria. El amor a la Patria,
que debe ser generoso y leal en cualquier hombre, debe serlo doblemente en el
cristiano. Si morir por la Patria es dulce para cualquier hombre de bien, más
dulce lo es para el cristiano que contempla el universo a la luz de la fe, y a
la luz de la fe
considera el Ideal de la Patria. Este amor a la Patria debe darse en grado
eminente y heroico en quienes integran las Fuerza Armadas de una Nación”;
(6). Un amor "en grado eminente y heroico" a un Ideal
que exige inmolación y destrucción puede se terrible, puede llevar a la furia
de la destrucción "más allá del bien y del mal".
Continúa el Vicario Castrense: "La vocación militar está
signada por el riesgo permanente. Riesgo que la Fortaleza espiritual dinamiza y
nutre. En las Fuerzas Armadas debe darse una clara y decidida vocación a la
muerte como ideal inherente a su más entrañable Ideal Militar, condición
“sine qua non” para vivir el sentido heroico de la vida y para realizarse
con el plasma que plasma héroes" (7).
La "Fortaleza espiritual", es decir, la mística que
proporciona la legitimación teológico que realiza el Vicariato, "nutre y
dinamiza" el "riesgo permanente" de los militares, ese jugarse
siempre al borde de la muerte que los caracteriza, porque al Ideal Militar le es
inherente la vocación a la muerte. Allí está presente la Iglesia con su
teología de la muerte para sostener espiritualmente a los Caballeros de la
Muerte.
Pero
el Vicario Castrense no deja de seguir internándose en estas profundas sendas
de la mística de la muerte: "El héroe está hecho de renuncias
personales, de grandeza de alma, de fe integral, ajena a toda servidumbre espúrea.
El héroe está situado inmediatamente después que el santo -sin olvidar que
todo santo es héroe- así sea héroe con el heroísmo de la humildad del
silencio' (8). El texto habla de por sí. El héroe, o sea, el militar, viene
inmediatamente después del santo, o sea del sacerdote, sin olvidar que todo
santo o sacerdote, es héroe o militar. Unidad perfecta del sacerdote y el
militar, el santo y el héroe, la cruz y la espada, la Iglesia y el Estado (9).
El sacerdote u hombre de Iglesia es un santo-héroe y el militar un héroe-santo,
anverso y reverso de la misma realidad, con hegemonía del santo pero que sólo
puede hacerla valer con la fuerza del héroe.
Luego
viene la estremecedora conclusión; "No es necesaria la efusión de sangre
para ser héroe. Basta vivir el terrible cotidiano, sin dejar de cultivar la
perspectiva de una senda que exija la efusión de sangre" (10). Creo que no
es necesario agregar nada más. Aquí está en toda su trágica dimensión lo
substancial de una Teología de la Dominación, que se manifiesta crudamente
como Teología de la Muerte, que sirvió para mantener el espíritu de los
militares que sólo mediante un genocidio creían poder volver atrás la
historia para revivir los supuestos idílicos tiempos de la perfecta unión
entre la cruz y la espada.
|
|
Mons. José M. Medina, el que sucedió a Mons. Tortolo en la Vicaría Castrense, ahora elevada a diócesis. Descubrió el camino "hacia la santidad" de los torturadores. |
.5.2.1.3.
Misión específica de los capellanes militares.
La Teología de la Dominación
en su versión más acabada de la Teología de la Muerte desarrollada por los
Vicarios Castrenses, con su correspondiente mística del soldado cristiano, debía
ser aplicada por los capellanes militares, cuya labor, era, como la definió
Bonamin “formar espiritual y doctrinariamente a los cadetes y
soldados"(11). Plaza, al estrenarse como flamante capellán de la policía
bonaerense, la de Camps, aseguró que la Iglesia brindaría "fortaleza
espiritual" a los integrantes de los
cuadros policiales y a sus familias “para templarlos ante la adversidad"
(12).
Los
capellanes militares junto a los integrantes de las FF. AA. y policiales, en los
centros clandestinos, en sus relaciones con las familias de los militares, eran
la cruz junto a la espada, el espíritu que animaba a la materia, lo sagrado que
daba sentido a lo profano, es decir, a los secuestros, torturas y
desapariciones.
En
efecto, de acuerdo a la mística que se deriva de la concepción del Dios majestático
que exige inmolación y destrucción, el capellán Mackinnon podía invocar a
Dios "para que nuestro uniforme no tenga otra mancha que la de la sangre
propia o ajena derramada por una causa justa; porque esta sangre no mancha,
dignifica”(13).
Esta
acción mostró su eficacia en los centros clandestinos. Hay testimonios sobre
la existencia de interrogadores cursillistas (14), además del conocimiento que
tenemos de la existencia de toda una Brigada que llevaba el nombre de
"Colores", el himno del cursillismo, cuyo representante principal,
apellidado precisamente "Colores", se caracterizaba por la manera cómo
gozaba las torturas, (15). Había
militares que en los centros clandestinos usaban el rosario (16), militares
torturadores que se consideraban cruzados, inquisidores, enviados de Dios en
contra de los diablos (17); torturadores que interrogaba sobre la fe de sus víctimas
(18); y por supuesto la continua proclamación de "los valores occidentales
y cristianos" por los que se lucha (19).
.5.2.2.-
La presión psicológica de los capellanes.
En la tarea legitimadora que
realizan los capellanes militares sobresale el aspecto psicológico, en una
doble vertiente, de fortalecimiento para los torturadores y debilitamiento de
los torturados, buscando lograr su "quebradura". Ya hemos visto la
manera como Monseñor Medina coaccionaba a los "desaparecidos" a
confesar sus crímenes; la acción de Monseñor Graselli con su fichero es
descrita por muchos testigos como parte de una verdadera acción de tortura
psicológica sobre los familiares de los "desaparecidos" (20).
Hay
indicios de que los capellanes utilizaron su posición para sacar información.
Julio Mackinnon "se dedicó a interrogar a los prisioneros sobre su
actuación política, entre ellos a Hugo Vaca Narvaja, y dejó como evidencia
una sola cosa; el que habló con él por lo general después fue muerto. Todo el
que iba a entrevistar, después era
sacado y fusilado, como pasó con el mismo Vaca Narvaja" (21); Plaza
"llegó incluso a patear a los estaqueados y a ordenarles que
hablaran" (22); "después viene el cura y se queda solo conmigo, me
levanta la venda y me dice que él me va a tomar declaración, pero que si no
hablaba iban a venir “Texas” y “Gastón”, los torturadores" (23).
En
diversos centros clandestinos se llevó a cabo el proceso de reeducación
consistente en "quebrar" a la víctima, es decir "dominarla”,
hacerla ceder en su voluntad, de manera que se transformase en un instrumento útil
para los torturadores. En este proceso, luego de las torturas físicas venían
las sicológicas, las discusiones ideológicas y la oferta de la posibilidad de
volver al mundo de los vivos, e 1 s decir, volver a "aparecer", si
colaboraban. En esto los militares tuvieron éxitos y fracasos.
Es
evidente que para una tarea de este tipo, la acción persuasiva de la Iglesia a
través de los capellanes militares debía ser importante, pues los militares
apreciaban sobremanera "la acción persuasiva de la Iglesia" (24).
En
su testimonio, Von Wernich confiesa sus relaciones con el grupo de
"desaparecidos" de Camps que están haciendo el proceso de recuperación
y el final del mismo cuando los acompaña a salir del país. Pero, están
"desaparecidos", lo que significa que algo falló en el proceso. No
será precisamente por culpa del capellán, pues este mereció la condecoración
del mismo Camps (25).
Sin
duda que Graselli fue uno de los firmes colaboradores en este proceso de
"reeducación". En una carta enviada por él al padre Alfonso dice:
"En todo el triste proceso que hoy nos toca vivir se dan situaciones
inexplicables a quienes permanecen en la clandestinidad y no pueden lograr visas
para salir del país. Otros han
sido "reeducados" (26).
|
|
El embajador de Estados
Unidos, Raul Castro y el Nuncio Apostólico, Mons. Pio Laghi en el Lawn
Tennis Club, presenciando en animada confraternización un partido de
tenis entre Vilas y Connors. Pio Laghi aseguró que la Iglesia estaba
"insertada en el proceso"(1978)
Mas tarde Pio Laghi seria el representante del Papa en Washington después que Reagan recibiera al primer Nuncio Papal a ese pais en el año 1984. Después de ser acusado de crimenes de guerra Pio Laghi dejó auna herencia de numerosos obispos asignados por el y fieles a la politica del Papa Juan Pablo II. (LH) |
.5.2.4.
Los capellanes en el nexo Iglesia Fuerzas Armadas.
Además
de estas actividades los en la política de acercamiento y "diálogo"
que las FF. AA. se dieron con relación a la Iglesia Católica: "Los
capellanes de la Fuerza tendrán en este accionar gran relevancia como asesores
y actores de este acercamiento" (27). Este "accionar" implicaba
realizar algunas tareas como "detectar problemas de tipo subversivo en los
que estén o puedan estar involucrados
miembros del clero" (28), y colaborar, en
"el control de los colegios religiosos" (29).
Estas
tareas en las que debían colaborar los capellanes, en lugar de disminuir, irían
aumentando, de tal manera que en el documento Secreto de 1979 se habla de
"intensificar el diálogo", "mantener un diálogo permanente con
el Episcopado Nacional". "Propiciar que las autoridades eclesiásticas
controlen las publicaciones efectuadas por editoriales religiosas y prohibir
aquellas que posean Tendencia marxista o que alienten situaciones de
conflicto", "neutralizar la campaña internacional", etc. (30).
Para
todas estas y otras actividades las que volveremos en el capítulo siguiente,
decía que "los capellanes de la Fuerza deben asumir la relevante
responsabilidad de su cometido como asesores y actores fundamentales de las
acciones militares de apoyo al ámbito" (31).
Todo
lo que hemos visto hasta el momento es un prueba fehaciente del celo con que los
capellanes asumieron sus funciones. A pesar de algunos roces inevitables, puede
decirse que las relaciones entre las FF. AA. y la Jerarquía Eclesiástica,
incluido el Vaticano, fueron excelentes, de mutua ayuda, comprensión y
cooperación.
Desde el seno de la sociedad sometida a un castigo sin precedentes,
amordazada y aterrorizada, pasados los primeros momentos de estupor paralizante,
comenzaron a surgir algunas voces valientes que paulatinamente fueron
encontrando la manera de organizarse y luchar por la defensa de los derechos
humanos violados en forma grave, masiva, sistemática y persistente, por la
Dictadura Militar. Surgen así los Organismos de los Derechos Humanos (1).
Entre estos organismos sobresalen las Madres y Abuelas de Plaza de
Mayo, las primeras levantando la bandera de la “Aparición con vida de los
desaparecidos" y el "castigo y juicio a todos los culpables", y
las segundas, la "restitución de los bebés secuestrados en cautiverio de
sus legítimos parientes.
En
plena época de la represión más feroz sobre toda la sociedad, las Madres se
constituyen en el símbolo de la dignidad y de la resistencia. A partir del 30
de abril de 1977, en que por primera vez se reúnen en la histórica Plaza de
Mayo 14 madres y redactan un pedido de audiencia al Dictador -era sábado-,
deciden reunirse allí todos los jueves, y desde entonces no han faltado a la
cita. Más tarde, de su mismo seno van a salir las Abuelas.
Desde ese momento las Madres y las Abuelas, pero sobre todo las Madres, por la fuerza de sus reclamos, por su intransigencia, por su insistencia, por el tipo de reclamo y la manera de efectuarlo (2), se van a convertir en el termómetro para medir el nivel de compromiso con los derechos humanos. Él meollo de toda reclamación de los Derechos Humanos pasa por las Madres de Plaza de Mayo. Por ello es necesario examinar cuál ha sido la relación que la Jerarquía Eclesiástica ha mantenido con ellas.
|
Mons. Raúl Primatesta, cardenal-arzobispo dde Córdoba ejerciendo sus funciones presidenciales con autoridad. Sus crimenes siguen impunes. (LH) |
|
.5.3.2.
El recorrido de Madres y Abuelas
Producido
el secuestro de una persona, comenzaba el "calvario" de los
familiares, especialmente de las Madres y las Abuelas, que primero tímidamente
y en forma separa, y luego con decisión y en forma organizada, van recorriendo
todas las instancias posibles para tener noticias de la persona desaparecida.
El
recorrido generalmente, es el mismo: Comisarías, Unidades Militares, Iglesias,
Ministerio del Interior (3). Las, respuestas generalmente eran evasivas o
negativas. Ningún organismo
confesaba conocer el caso, o se daban noticias vagas. Entre las la más
consultada, naturalmente, era la Iglesia Católica, especialmente en la persona
de los Obispos y Sacerdotes. No hay casi Madre o Abuela entre los miles de casos
que se han dado que no haya recurrido a algún obispo, con resultado en un 99
por ciento absolutamente negativo, cuando no vejatorio (4).
María
I. Mariani concluía su triste relato de las gestiones realizadas ante diverso
obispos para obtener noticias de su nietita secuestrada: "En
realidad puedo decir que por intermedio de la Iglesia nunca tuvimos ni noticias
de ningún niño desaparecido, ni siquiera noticias. Ellos siempre dicen:
-Bueno, pero los niños... ¿y si sufren? Están
con esa teoría de que si sufren. Pero, no piensan en lo que van a sufrir cuando
se enteren de que están secuestrados. No, nunca hicieron nada, salvo los
obispos De Nevares, Novak, Hesayne, Zazpe y alguno que otro sacerdote, que
fueron verdaderos puntales para la vida y para la fe" (5).
Año
tras año las Madres se presentaron ante la CEA reunida, pero la Conferencia de
obispos nunca se dignó recibirlas. Tenía asuntos importantes que tratar, no
minucias como la desaparición de algunas miles de personas y el robo de algunos
centenares de bebés. Las Madres describen bien la situación en la carta del 9
de noviembre de 1981 que en vano quieren presentar a 1a CEA en pleno, viéndose
obligadas simplemente a dejarla ante una delegación.
"Hoy,
a lo largo de los cinco años transcurridos, nos encontramos con quien viviese
un tiempo circular, repitiendo la misma escena jugada en el año 76 y sucesivos.
Las variaciones existen, pero la escena es la misma. Las Madres llegamos
a las puertas de San Miguel con nuestro documento y pedido de audiencia. Nunca
hemos tenido el honor de ser recibidas por la Plenaria" (6).
La Plenaria de la CEA nunca las recibió. Recibirlas hubiera sido reconocerlas, pero, ¿cómo podía hacerlo si la Dictadura no lo hacía? Si la CEA recibía a Martínez de Hoz para escuchar sus informes sobre los progresos de la economía y al ministro del Interior Llamil Reston, quien les informaba sobre la realidad de los "desaparecidos", ¿cómo iban a recibir a estas madres que pretendían tener su visión particular al respecto? Precisamente, en la carta citada las Madres les decían a los obispos: "No esperamos listas preparadas por el gobierno, sino respuestas a la listas preparadas por los familiares afectados o las instituciones”. Esto evidentemente era demasiado para el cuerpo episcopal que privilegiaba, sus excelentes relaciones con la Dictadura, ante que reclamos de Madres y Abuelas de "subversivos”. Tanto es así, que poco después Primatesta decía: "Hay que analizar medidas, muy amplias que pueden ser formas de buscar la reconciliación nacional" (7).
Hay
aquí dos actitudes complementarias, coherentes, por parte de la Jerarquía
Eclesiástica, que muestran claramente cual ha sido su opción política frente
al drama que se estaba desarrollando en la sociedad: Por una parte está la
Dictadura Militar y por el otro las Madres y Abuelas; de un lado, los que
detentan el poder; del otro, los que lo sufren. La Jerarquía recibe en su seno
al responsable del proyecto destructor del país, Martínez de Hoz; al
responsable político, Llamil Reston y las máximas autoridades jerárquicas se
reúnen semanalmente con las autoridades militares, además de los actos en los
que participan junto de la actividad que sigue desempeñando la Vicaria
Castrense y de los avances públicos que continuamente proporciona a la
Dictadura. En cambio, las Madres y Abuelas, representantes calificados de los
oprimidos por la Dictadura, nunca son recibidas oficialmente, sus cartas no
reciben respuestas (8), o reciben respuestas vagas, con consejos,
recomendaciones de tener fe. El Nuncio Calabresi contesta a las Madres:
"Esta mañana he depositado ante el Señor, en la Santa Misa, mi oración
según sus intenciones. Confío que el Señor sabrá darles cuanto su corazón
pide. María la Virgen Madre, que tanto sufrió, les acompañe, alivie y
aliente" (9).
Frente
al Poder de la Dictadura y al no -poder de las madres y Abuelas, la opción de
la Jerarquía fue clara. Se quedó con el poder, anudó con él todas sus
alianzas, lo legitimó y justificó. El mayor o menor cinismo, la mayor o menor
dureza o incluso los problemas de conciencia que algunos obispos en particular
hayan tenido, es necesario ubicarlos y sopesarlos en el seno de esta opción política
global. La Jerarquía estuvo con los militares.
Lo demás viene "por añadidura".
Frente
a los urgentes y angustiosos reclamos de Madres y Abuelas, la CEA respondió
levantando las banderas del olvido y el perdón. Las Madres, en una solicitada
resumieron de esta manera la actitud del Episcopado frente a su reclamo:
-En
los años 1976-1977 "denunciamos la detención y desaparición de nuestros
hijos", y la respuesta de los obispos solo consistió en "un crítico
documento" (10).
-En
1978 "reclamamos la intervención de esa asamblea para salvar vidas. La
respuesta fue el silencio" (11). Recordemos que en este año los obispos
estaban preocupados de que ante los visitantes para el Mundial 'de fútbol se
mostrase "la hospitalidad y la decencia, la amistad y la dignidad
nacional".
En
1979 "imploramos su mediación. La respuesta fue un tibio documento".
Se refieren las Madres al Documento: "Llamado a la reconciliación".
En
1980 "exigimos la aparición con vida de los detenidos-desaparecidos",
y "la Iglesia propuso el diálogo". Se refieren las Madres
fundamentalmente al Documento de la CEA: "Evangelio, diálogo y
sociedad", aunque también a la "Carta Pastoral sobre el Congreso
Mariano Nacional".
En
1981 "insistimos en todos los anteriores reclamos", pero "La
Iglesia propuso reconciliación (12). Efectivamente,
el Documento de la CEA "Iglesia y Comunidad Nacional" culmina con un
llamado a la "reconciliación". "Creemos que es nuestro deber
como obispos de la Iglesia apoyar con nuestra palabra la convocatoria de una
total y profunda reconciliación" (13). Ese es además el tema de las homilías
de Navidad (14).
En
1982 "pedimos castigo a los responsables de las desapariciones" y la
Iglesia nos respondió "con el perdón" (15).
En respuesta a "Camino de Reconciliación", las Madres
preguntan: "¿Nosotras, las madres de 'detenidos-desaparecidos', a quiénes
debemos perdonar?, ¿Qué debemos perdonar?... ¿Debemos perdonar a los
torturadores y asesinos que actúan en las tinieblas y amparados en la impunidad
continúan hasta hoy su diabólica tarea? ¿Debemos perdonar la destrucción de
la familia, las violaciones más ruines de toda especie, el envilecimiento y la
humillación de un país aterrorizado?" (16).
En
carta a los integrantes de la Pastoral social expresaban las Madres: "Se
niegan también a dar respuesta sobre el destino sobre los miles y miles de
detenidos-desaparecidos e intentan pactos de olvido desde los mas altos niveles
del poder urgiendo a que se cierren los ojos para poder mirar hacia adelante
paradójica propuesta que de ser aceptada, conduciría a un pacto de ciegos
esperanzados en que el pueblo argentino sufra un repentino, ataque de amnesia o
se transforme en un rebaño de cómplices"... (19/11/82) (Doc. de Archivo).
Finalmente
en 1983 "decimos: ni silencio, ni documentos, ni diálogo ni
reconciliación, ni perdón". Luego exigen "aparición con vida
de los
detenidos-desaparecidos" y "si esto no ocurriera ¿el
Episcopado podría avalar un genocidio?". Lamentablemente el Episcopado ya
lo había avalado, estaba en la lógica de haber optado por una Iglesia poder,
Iglesia de cristiandad, de acuerdo al proyecto sacerdotal.
| Las
"buenas relaciones", Obispos y militares en los "buenos
tiempos", en la fundación del Fuerte Esperanza.
Note a Galtieri a la izquiera y Videla a la derecha. (LH) |
|
.5.3.5.- La Jerarquía pretextó
que las Madres estaban 'ideologizadas'.
De acuerdo a su opción fundamental por el poder que les exigía privilegiar su alianza con los militares, la Jerarquía "pretexta" que el pedido de las Madres encubre o se presta a "interpretaciones equivocas", “ideologizadas". "Nos manifiesta Ud. -le dicen las Madres a Aramburu- su preocupación personal ante una posible mala interpretación de nuestro proceder en nuestros esfuerzos por ubicar a nuestros hijos y demás seres queridos , “desaparecidos” (17). En carta a Zazpe le expresaban que el Cardenal "abriga algún temor ante una posible interpretación equívoca de la naturaleza del pedido de ayuda que formulamos a nuestra Iglesia en procura de noticias y tratamiento justo para nuestros hijos" (18).
5.1.
1)
DDJ, LA ACUSACIÓN, N ° 20, p. 1. “Me
acompañan en el reclamo más de nueve mil desaparecidos”.
2)"No
siempre se tuvo la información a tiempo, no siempre se tuvo toda la
perspectiva, pero se hizo lo posible", expresó Primatesta (CRO 18/4/83).
En clara contraposición con esta declaración, Primatesta le había expresado a
Zulema Ayllon de Croix, en 1977, que "tenía miles de esas denuncias y de
ayudas, de pedidos de ayuda y que realmente no podía hacer nada porque no le
llevaban el apunte" (DDJ p. 241). Por otra parte, ¿podía ignorar
Primatesta, que una Institución de su diócesis, el colegio del Buen Pastor,
servía de tránsito para las “desaparecidas”, que debían dar a luz? (Cfr.
DDJ, Test. de José 1. Astelarra, p. 268).
Además
las Madres le habían mandado una carta con fecha del 21 de julio de 1976, en la
que le decían; "Las detenciones o secuestros se realizan masivamente, hay
tristeza y dolor en los hogares, no existe información sobre causas y lugar de
detenciones, las dependencias de seguridad dan contestación negativa a
requerimientos personales o judiciales"; (se adjunta nombre, CI y domicilio
de 27 personas secuestradas -DOC. de Archivo)
(3)
DDJ, p. 109.
(4) Nuestros Monseñores a veces se ponen quisquillosos
en cuestiones de semántica, como
en este caso. En otros, como los que hemos examinado con relación a las figuras
con que fuera caracterizada la subversión en relación al marxismo, están
dispuestos a acometer contra cualquier tipo de quisquillosidad semántica.
(5)
DDJ, p. 109.
(6)
Ibidem.
(7)
Ibidem.
(8)
DDJ, p. 26.
(9)
DDJ, p. 193.
(10)
Relata la Madre de Plaza de Mayo, Mora de Cortiñas que en diciembre del 79 el
Papa J. P. II rechazó las fotos de una niña desaparecida y de Azucena de De
Vicenti, Madre desaparecida, y al
decirle: "Su Santidad, se está matando, torturando y desapareciendo en
nombre de Dios", el Papa respondió: "Desaparecidos hay en todas
partes del mundo. Hasta niños, hay en todas partes".
(11)
DDJ p. 191. Además de los ya citados, en los testimonios ante la Cámara
Federal figuran como personas a quienes se recurrió haciendo conocer el hecho
de las desapariciones los nombres de los obispos Plaza, Medina, Galán, Canale,
Arana, Keegan (es monseñor, auque no obispo), Primatesta, Aramburu, Laguna,
Quarracino. Se citan además a sacerdotes, especialmente a los capellanes
militares como Von Wernich, Menestrina. El sacerdote Iñaqui de Aspiazu también
tenía su fichero, o mejor, un cuaderno con sólo 150 páginas con
desaparecidos. Era más modesto que el de Graselli, pero algo es algo. Se hace
lo que puede! (Cfr. DD
p. 36).
(12)
La Iglesia de los pobres, p. 137.
(14)
Test. de Eulogia Cordero de Garnica (Doc. de Archivo).
(15)
Ibidem. Monseñor Medina es nombrado como presente en los centros clandestinos
en los testimonios ante la CONADEP de Ernesto R. Saman; Mario H. López, Emma de
Giribaldi y Gustavo R. Larratorres (Nunca Más, pp. 262-263).
(16)
MPM, N ° 1, dic. 1984. "Monseñor
Antonio Plaza, arzobispo de La Plata, fue visto en campos de concentración por
testigos que así lo han denunciado". (Carta de las MPM al Papa, 27/6/84)
"Veinte días después de esta carta" -relata Nora Cortiñas, de las
MPM- el Papa recibió a Plaza con todos los honores”.
(17)
MPM N. 15 de marzo, 1984, p.
(18)
LV 5/6/86.
5.2.1.
(1)
"Existen hoy, y se hallan en lucha, dos grandes concepciones de la
libertad; la cat6lica y la
revolucionaria. Esto es, la de la
Iglesia que utiliza también los aportes de la recta filosofía tradicional; y la de la Revoluci6n moderna anticristiano, cuyas etapas como es
sabido, son el Renacimiento, La Reforma, el Racionalismo, la Revoluci6n
Francesa, el Liberalismo, el Socialismo, y el Comunismo" (MK
N ° 17, 1978, p. 21).
(2)
Calderón Bouchet, R.: Notas marginales. En MK N° 18, 1978, Ricardo Straface
decía, hablando de la drogadicción: "Ciertamente la actual sociedad no es
como la de antes. Está conmovida por una serie de cambios que la han puesto en
crisis. Crisis total constituía
por la suma de numerosas crisis parciales. Crisis de la fe religiosa. A partir
del libre examen el hombre se ha erigido en centro del mundo y medida de todo.
Mientras algunos asumen la filosofía del existencialismo ateo, otros proclaman
la teología de la muerte de Dios.
Crisis
de las estructuras políticas. El liberalismo y
el marxismo han barrido sucesivamente con lo establecido en casi dos milenios de
civilización cristiana.
Crisis
de estamentos sociales y económicos. El Estado moderno se ha apropiado de las
empresas y de las funciones sociales, olvidando su legítima acción
subsidiaria. La familia se ha
tornado 'contra natura'. Ya no acepta como fin principal la procreación y
educación de los hijos sino la felicidad de la “pareja” (entrecomillamos
esta palabra en boga que se nos ocurre más propia de animales que de hombres).
La anticoncepción y el aborto triunfan mal que nos pese, en las naciones de
Occidente. Libertad irrestricta hecha slogan en aquel nauseabundo 'prohibido
prohibir' del París de 1968, aplaudida por los imbéciles de siempre,
materializada en la relajación de los autocontroles sociales e individuales y
cuyos más promocionados aspectos son las pretendidas liberaciones de moda como
la femenina, la juvenil, la de la expresión artística, etc. Faltaba algo que
apuntar al alma. No había que inventarlo. Se lo poseía desde la antigüedad,
Oriente lo tenía y lo asumía. Había que difundirlo en Occidente con ritmo de
epidemia. Ya es un hecho: la droga (MK N. 13, 1977).
(3)
Cfr. Iglesia de Santiago, marzo-abril, 1977. En ese número hay un trabajo
completo sobre el integrismo que cubre el aspecto histórico el
psicológico y el pastoral de] mismo.
Cfr.
También: Bigo, P.: "Los integrismos", en NU MU, 12 N' 76, 1977, pp.
210-214; Texel,
H. Van:
“La última escisión del integrismo". en T N5, N° 20,
enero de 1977, pp. 7 L-75.
(4)
Eugenio S. Cuevas nos da una descripción del mismo que nos parece sumamente
acertada: "Se llama integrismo la tendencia que pretende orientar la
actividad creyente de la Iglesia y la acción del Mundo exclusivamente, o al
menos en principio, de acuerdo con una concepción inmovilista de la fe, que se
expresa en el mundo en un orden estático.
Según
esta concepción las relaciones Iglesia-Mundo están dominadas por la acción de
la Iglesia. El mundo debe configurarse según el esquema de la Iglesia
inmovilista y estática.
El
mundo visto desde la perspectiva íntegrista, no tiene autonomía y ha de vivir
según los cánones rígidos, ahistóricos, que la Iglesia integrista le da. El
integrista trata de entender la fe y su práctica desde un sistema doctrinal
ahistórico e inmutable, en lugar de explicar el Dogma desde la Iglesia regida
por el Espíritu Santo.
Además
el integrista trata de asegurar la posición de la Iglesia en el poder político
y social, para anunciar así el Evangelio, en lugar de influir en la configuración
de la sociedad mediante la predicación del Evangelio sin armas terrenas. Es por
eso que en la actitud integrista se confunde lo teológico -la fe- y lo sociológico; esto es la integración de la predicación eclesiástica
en la sociedad correspondiente.
El
integrismo intenta solucionar, sólo de manera estática y metafísica, en lugar
de hacerlo también dé una forma dinámica e histórica, el problema de la
relación Iglesia-Mundo, entre lo natural y
lo sobrenatural. En los 2.000 años de historia de la Iglesia Católica, no
es nuevo encontrar esta postura: la postura integrista.
Ciertamente que lo que desde fines del siglo XIX y comienzos del XX viene a denominarse como posición integrista, en el pasado ha sido llamado de otra manera: tradicionalismo, conservadurismo, reaccionismo, y otros muchos sustantivos han tratado de definir esta posición intelectual, social y religiosa" (Igl. Sgo., marzo-abril, 1977).
(5)
MK N. 18, 1978, p. 12.
(6)
Ibidem.
(7)
Id. Pp. 12-13
(8) Id. p. 13.
(9) Bonamín 1o expresará claramente: "Podemos aspirar a un
Estado cató1ico "(CL 28/7/80).
- Por otra parte esta unión estrecha entre lo sagrado y lo
profano ya estaba presente en las bendiciones de los sables (LN 11/5/76). Y en
la afirmación de que "Dios habita el alma del soldado" (29/10/76).
(10) Ibidem.
(11) CL 21/7/80. En la carta del 27/6/84 al Papa (Juan Pablo II
las MPM le decían: "es imprescindible que los capellanes y los sacerdotes
que han estado asociados con los victimarios y que tampoco muestran
arrepentimiento, proporcionen a las autoridades competentes la información que
indudablemente poseen acerca de los detenidos-desaparecidos, para que se conozca
que ha pasado con todos y cada uno de ellos". No hubo respuesta.
(12) Op. 12/1.1/76.
(13) LN 6/2/76.
(14) DDJ p. 235 (Testimonio de Mario Marchese).
(15)
Cfr. Expediente de Juan Antonio del Cerro, en el Poder Judicial de la Nación. DDJ, p. 69 (Test. de Melba de Falcone).
(16)
DDJ, p. 231 (Testimonio de Olga Gordo de Gavalda); p. 317 (Test. de Elena
Alfaro).
(17)
DDJ, p. 260 (Testimonio de Gustavo Contepomi).
(18)
DDJ, p. 413 (Testimonio de Miriam Lewin de García).
(19) DDJ, p. 341 (Testimonio de Claudio Niro); p. 429) (Test. de Graciela B. Daleo).
(20) "Quien
atendía a la gente ahí en Stella Maris tenía unas listas, y cuando le dijimos
el nombre Calvo buscó y se puso blanco y dijo: 'Hay malas noticias'.
Después dijo; 'Ah, y como se llama'. Adriana. 'No, no es ella', es
decir, como dando la sensación de que tenía la información de otro caso del
mismo apellido" (DDJ, p. 36. Test. de Julio C. Calvo).
"Y...
estas cosas en general se resuelven en 15 ó 20 días, pero a veces demoran 3, 4
ó 5 meses, pero todos vuelven a aparecer, todos, vuelven a sus casas"
(DDJ, p. 42, Test. de Enrique F. Meijide). "Esta mañana cuando llegué al
andén vi a un grupo de jovencitos del secundario y pensé cuántos de estos van
a desaparecer" (DDJ, p. 144. Test. de Rosa Meijide).
Monseñor
Graselli desde un despacho en la Vicaría Castrense de la Armada, proporcionó
durante algún tiempo información ambigua y bastante siniestra sobre los
detenidos-desaparecidos a los familiares que así lo requerían" (Carta de
las MPM al Papa, 27/6/84).
(21)
MPM, N. 1, dic. De 1984, pp. 8-9. Test. de Sebastián y José L Canizzo ante Amnesty
Internacional).
(22) MPM, Op. cit., p. 9 (Test. de Hebe de Bonafini, publicado en 1982 en la revista sueca "Mujer").<