
Relacion
Durante la
Segunda Guerra
Mundial, Alemania demostró en la práctica
una indudable superioridad tecnológica con
respecto a sus enemigos. Cualitativamente, cualquier arma germana superaba con
creces las
posibilidades británicas, soviéticas o americanas en la mayoría
de los casos.
Sin embargo, los
especialistas militares alemanes diseñaron una poderosa maquinaria bélica para
una guerra relámpago,
la que finalmente se convirtió en un conflicto total
con múltiples frentes de batalla en
poco tiempo.
A
pesar de los bombardeos masivos que soportaba sobre su territorio, en las factorías
del III Reich se desarrollaron proyectos que marcaron el inicio de una etapa que
colocó a las poderosas naciones vencedoras en una desenfrenada carrera tecnológica
por varias décadas.
Las armas
de represalia V-1 y V-2 pusieron en marcha la astronáutica, los cazas jets que
defendieron el cielo alemán dieron paso a la turbina para aviones que permitió
duplicar la velocidad de las aeronaves. La aerodinámica, los gases
propulsantes, la teledirecci6n, la física nuclear y los motores para
submarinos, son sólo algunos de los ejemplos que indicaron la gran diferencia
tecnológica germana, aun habiendo perdido la guerra.
Una
vez terminada la contienda, los servicios secretos de los países vencedores se
disputaron palmo a palmo las fábricas del III Reich y a los hombres que habían
trabajado en ellas. Estos eran trasladados a Inglaterra y sometidos a extensos
interrogatorios para posteriormente ofrecerles trabajo en sus respectivos países.
Los soviéticos fueron muy activos en la búsqueda; a bordo del
inconcluso portaaviones Graf Zeppelin trasladaron fábricas enteras y modelos
terminados hacia la URSS. En realidad ella era la nación más retrasada entre
los vencedores y no tenía mucho tiempo que perder. Los resultados pronto
estuvieron a la vista: al comenzar la guerra en 1941 sólo fabricaban aviones
mediocres, en 1948 ya eran vanguardia en materia aeronáutica, además pusieron
un hombre en el espacio antes que los mismos americanos. El profesor Gunter Bock
y el doctor Goettrup fueron, tal vez, los mejores científicos alemanes con los
que pudo contar la URSS.
Los
EE.UU. eran un país más atractivo que la URSS y con mayores disponibilidades
económicas. De esta manera pudo contar con la colaboración de importantísimos
científicos, entre los que se destaca el famoso Wemer von Braun y su equipo de
la isla Peenemunde, quien se convirtió sin dudas en el padre del proyecto
espacial americano. Gran Bretaña y Francia también pudieron contar con los
servicios de los técnicos alemanes; esta última nación se vio favorecida
asimismo por haberle quedado algunas fábricas en su territorio.
El
general Perón llegó a la presidencia casi un año y medio después de
terminada la guerra. En esos momentos el país contaba con divisas y también
era acreedor de los aliados. Pero por esas acreencias generadas por el
conflicto, nuestro país había pagado el duro precio del desabastecimiento de
insumos importados, a causa del aislamiento geográfico generado por las enormes
distancias con los países del norte, con un océano Atlántico de por medio,
infestado de submarinos deseosos de encontrar blancos para sus torpedos.
Recordamos asimismo que los pocos servicios aerocomerciales por entonces
existentes habían cesado sus vuelos por la región hacia 1939.
Tratando
de evitar tanta dependencia, el preponderante rol que había tenido la aviación
en la guerra y pensando que un nuevo conflicto entre Occidente y el comunismo
era inevitable ahora, Perón reserva un capítulo muy especial para el
desarrollo aeronáutico en el Primer Plan Quinquenal de Gobierno.
Con
parte de la inconvertible deuda británica, el gobierno justicialista dota a la
nueva Fuerza Aérea Argentina con un poderoso parque aéreo compuesto por 100
cazas a reacción Gloster Meteor, 36
bombarderos estratégicos Avro Lincoln y una gran cantidad de aeronaves de
entrenamiento, transporte y turismo. También promueve la creación, a través
de la Secretaría de Aeronáutica, de líneas aéreas comerciales de capital
mixto para establecer nuevas rutas de cabotaje a distintos puntos del país.
Si
bien desde hacía muchos años existía en la provincia de Córdoba la Fábrica
Militar de Aviones (FMA), ésta no contaba con muchos especialistas y durante la
guerra había tenido que suspender la construcción bajo licencia del primer
modelo totalmente metálico, el caza americano Curtis
Hawk 75-0 por falta de insumos. En
esos momentos en la FMA se estaba construyendo un entrenador de madera, el IAe-22 DL con motor de fabricación nacional IAe-1 6 «El Gaucho» de 9 cilindros radiales y 450 CV de potencia.
En otra etapa de desarrollo se encontraba el bimotor de ataque, también de
madera, I Ae 24 «Calquín».
Con
este panorama, la Secretaría de Aeronáutica promueve la creación del
Instituto Aerotécnico, con la finalidad de «diseñar los aviones que el País
necesite» y que «con la menor cantidad de aviones, se logre un máximo de propósitos».
En sus estatutos fundacionales, el IA reglamenta claramente la contratación de
técnicos extranjeros y la especialización de los argentinos fuera del país.
El
primer ingeniero aeronáutico llegado a la Argentina fue el francés Emile
Dewoitine. Nacido en Crépy en 1897, llegó a poseer una fábrica propia (Avions
Dewoitine) en la que llegó a producir aviones de combate y transporte. En la
Argentina era conocido, ya que en la década de los treinta nuestra Fábrica
Militar de Aviones le había adquirido una licencia para fabricar el caza Dewoitine
D21.
Luego
de la invasión alemana a Francia, Emile Dewoitine trabajó para el gobierno de
Vichy. Esta determinación trajo como consecuencia que el general De Gaulle,
cuando pisó su patria luego de Normandía, prometiera fusilarlo. Dewoitine
emigró a España, y allí tomó contacto con un viejo amigo argentino, el
ingeniero Taravella, a quien conocía desde los tiempos de la adquisición de la
licencia. Fue a través del mismo Taravella que el gobierno argentino le ofreció
la posibilidad de construir un caza a reacción. Dewoitine aceptó el
ofrecimiento y concretó junto a técnicos argentinos el avión IAe-27
Pulqui en 1947, que equipado con una turbina Rolls Royce «Derwent», convirtió
al país en el octavo del mundo en tener un jet propio y el sexto en ese momento
(Alemania y Japón tenían prohibición de fabricar aviones). El ingeniero francés
trabajó para un ambicioso proyecto hasta la llegada de los técnicos alemanes,
quienes traían consigo un proyecto muy superior.
Un
año antes, en 1946, una misión oficial encabezada por el secretario de Aeronáutica,
brigadier César Ojeda, y por el director de la FMA, Juan Ignacio San Martín,
viaja a Italia con la finalidad de adquirir los aviones de entrenamiento
avanzado Daímler. En la oportunidad contratan al marqués Cesare de
Pallavecino, un excelente ingeniero aeronáutico que había trabajado en las fábricas
Breda y Caproni Cantieri, y era además profesor de aerotécnica. Poco después
llegan a la Argentina Angelo Miele y Mateo Abona, especializados en estructuras
y mecánica de fluidos.
La
concreción de este aporte itálico fue el caza destroyer
I Ae-30 Nancú, excepcional bimotor a pistón que aún hoy ostenta el record
de velocidad de su categoría en el trayecto Buenos Aires-Córdoba, a una media
de 650 km/h. Fue presentado oficialmente en el aeropuerto de Morón en 1947
junto al Pulqui I. La construcción en serie de esta aeronave fue desechada a
causa del promisorio Pulqui II.
A
fines de 1946, el gobierno argentino es informado de que existe interés por
parte de algunos científicos alemanes de viajar a la Argentina, país que poseía
una interesante fábrica de aviones. De inmediato, las autoridades de aeronáutica
crean una red de agentes secretos en Europa con la finalidad de sacar a técnicos
y científicos que quisieran trabajar en nuestro país.
El
primero en recibir y aceptar el ofrecimiento argentino fue el profesor Kurt
Tank, quien cansado de soportar a los agentes aliados y rechazar propuestas,
logra huir a Dinamarca, no sin antes superar peligrosos contratiempos. En el país
nórdico, Tank y otros dos colegas son entregados al cónsul Muret, quien les
otorga pasaportes argentinos con nombres supuestos.
Desde
Copenhague, Kurt Tank -Pedro Matis, según su pasaporte-- y sus dos compañeros
emprendieron camino a Buenos Aires acompañados por el agregado aeronáutico de
la URSS, comandante Gallardo Valdéz. Ninguno de los tres «argentinos» hablaba
una palabra en español, pero pudieron arribar a Buenos Aires en el otoño de
1947 con una valija cargada de microfilms.
Kurt
Tank era un excelente director de equipo y piloto de pruebas. Había dirigido
durante la guerra la famosa fábrica de aviones Focke Wulf de Bremen, siendo sus
productos más destacados el famoso caza Fw-
1 90, uno de los pilares del arma de caza alemana, el cuatrimotor Fw-200
Cóndor, teniendo al concluir la guerra el desarrollo del caza-jet de alas
en flecha, el Focke Wulf TA-183.
A
pocos días de haber llegado a Buenos Aires, Tank se reúne con Perón, a quien
le entrega un memorándum con los requerimientos que a su juicio necesitaba la
Argentina en materia de aeronáutica y en particular la FMA. El ingeniero alemán
propuso a Perón la construcción de cuatro tipos de aeronaves, un caza a reacción,
un entrenador primario, un avión de reconocimiento y un bombardero para la
Fuerza Aérea. Además, ante la observación de la geografía argentina y el
auge de la aviación comercial, recomendó la construcción de un avión-jet de
pasajeros.
En
un encuentro posterior ambos discutieron el memorándum. Perón consideraba que
el proyecto podría ser faraónico para las posibilidades económicas locales en
comparación con las de las primeras potencias del mundo. La Argentina era sólo
un rico país agrícola ganadero con una extensa geografía y 16 millones de
habitantes. No obstante, Perón acepta la propuesta de Tank recomendando
impulsar aquéllas que tuvieran seguridad de concreción. El presidente aseguró
a Tank y a su grupo igualdad de trabajo sin discriminaciones de ningún tipo, ya
que si en Alemania habían ocurrido crímenes, no todos los alemanes eran
culpables de ello.
En
los meses siguientes, y a solicitud de Tank, se incorporan al IA el ex director
de la fábrica Fiesler, el doctor Thaulau, el ingeniero Paul Klages, que diseñaría
el IAe-35 Huanquero, el doctor Rotz de la Daimler Benz, el piloto de
pruebas Otto Behrens, ex director del Centro de Ensayos de la LuftWaffe (Fuerza
Aérea Alemana), el doctor Pabst, especialista en dinámica de los gases, los
doctores Plock y Werse, especialistas en materiales y técnicas de construcción,
el doctor Heinstzzelman, especialista en estática, los diseñadores Bansemir y
Mittelhuber, el matemático Rothkegal, los técnicos Mathias y Wolf y el
especialista en aerodinámica doctor Ruth.
Con
ellos se conformó un equipo de excepción que llegó a contar con alrededor de
sesenta integrantes una vez incorporados los técnicos y dibujantes. Por otra
parte, contractualmente casi todos ellos tenían la obligación de enseñar en
la Facultad de Ingeniería Aeronáutica y en la Escuela Superior de Ingeniería
de la Fuerza Aérea, ambas en Córdoba, que obtuvieron un nivel académico único
en toda la región.
La
concreción más espectacular de este equipo, que incorporaba a los técnicos y
obreros argentinos, fue sin duda el caza a reacción con alas en flecha IAe-33
Pulqui II, que colocó a la Argentina en una vanguardia tecnológica que
entonces sólo poseían los EE.UU., la URSS y Suecia, aventajando a países como
Inglaterra y Francia.
En
forma independiente al grupo Tank, llegó al país en 1948 el doctor Reimar
Horten, quien, escapando por Suiza, pasó a Italia y allí tomó contacto con
autoridades argentinas y viajó a nuestro país con un pasaporte del Vaticano en
una aerolínea estatal. Al terminar la guerra, Horten desarrollaba en su fábrica
de Gottingen un caza birreactor, el Gotha Ho-222, de revolucionario diseño,
ala volante sin cola (tailless).
Horten
deseaba llegar a la Argentina por el solo hecho de saber de la existencia de la
FMA y que en ella había un túnel aerodinámico en el que podría desarrollar
sus estudios. Inicialmente se alojó en Buenos Aires y el brigadier San Martín
lo presentó a Perón. Como intérprete se contrató a una mujer, hija de
alemanes, que era piloto de planeador: la misma se convertiría poco después en
su inseparable esposa. Posteriormente Horten se trasladó a Córdoba, y desde
allí comenzó a promover sus ideas de avanzada entre los aficionados del vuelo
libre, En 1949 entregó a un grupo de entusiastas cordobeses los planos del
pequeño planeador HO-X, para que ellos mismos lo construyeran en un
taller, prestando asesoramiento permanente según el testimonio de Rogelio
Bartolni, uno de los integrantes de aquel grupo.
Se
trataba de un ala volante de pocos metros de envergadura que se podía elevar
corriendo si la velocidad del viento era mayor a 15 km/h. Por tal motivo fue
llamada «Piernífero», y entre sus constructores la designaron L'alita.
Horten
trabajaba en desventaja con respecto al grupo Tank. Nunca contó con los medios
económicos de que disponía su colega, ni tampoco tenía la ascendencia que
Tank tenía con Perón. Además, debido tal vez a los celos profesionales, entre
ambos paisanos nunca hubo una buena relación, Su grupo de colaboradores,
encabezado por el doctor Karl Nickel y el piloto Heinz Scheidahuer, era
reducido, pero contó con la colaboración del formidable aerodinamicista polaco
Stanislao de Irasinsky, quien en el túnel aerodinámico de la FMA descubrió la
formación de remolinos cónicos en aeronaves supersónicas. Las máximas
realizaciones de Reimar Horten en el país fueron el proyecto de caza supersónico
de ala delta I Ae-37, que nunca voló
por sus propios medios, y el ala volante de carga IAe-38, con la que se
realizaron sólo cuatro vuelos, conducida por el comandante Rogelio Balado. Es
importante destacar que ambos proyectos fueron interrumpidos por la Revolución
Libertadora.
En
el plano académico, Reimar Horten fue profesor de las altas escuelas antes
mencionadas en la cátedra de Aerodinámica 1, 11 y 111. Era una persona de
extremada sencillez como ser humano, tal vez por eso su actuación
nunca resultó espectacular si es que sólo
tenemos en cuenta que desde su tablero en Villa General Belgrano salieron
las líneas del bombardero más moderno de la Fuerza Aérea americana, el
furtivo B-2 que voló a fines de la década de los ochenta. Las
alas volantes de gran porte sólo pudieron ser construidas por dos países: los
EE.UU. y la Argentina, llegando la ex Unión Soviética a lograrlos en estos últimos
años.
Horten
había nacido en Bonn en marzo de 1915 y cursó sus estudios de matemática y
aerodinámica en las más importantes escuelas de Berlín, Bonn y Gottingen; fue
un indudable precursor de las alas volantes y alas delta, Su diseño IAe
41 «Urubú» ostenta el record de haber sido el primer planeador en cruzar
la cordillera de los Andes; falleció en Córdoba en agosto de 1993.
En
enero de 1945, siendo Perón ministro de Guerra, el arma aérea del Ejército es
independizada a través de la creación de la Secretaria de Aeronáutica. Como
se ha mencionado antes, en 1947 la Fuerza Aérea es equipada poderosamente, pero
había más aviones modernos que pilotos con la capacidad de tripularlos. Además
no existían en la fuerza doctrinas ni técnicas de defensa aérea modernas.
En
forma pragmática se contrata en Alemania a un grupo de ex pilotos de la
Luftwaffe con la finalidad de adiestrar a la recientemente creada Fuerza Aérea
Argentina.
Este
contingente estaba encabezado por el famoso teniente general Adolf Galland, as
de la aviación germana con más de sesenta victorias aéreas en su haber. A la
edad de 36 años llegó al grado de general del aire y fue jefe de toda el Arma
de Caza de su país... Las diferencias mantenidas con el mismo Adolf Hitler
acerca de la utilización de aviones jet durante la Segunda Guerra, son famosas
en la historia de la misma.
Llegó
a la Argentina en 1948 a bordo del buque Andrea C y tomó domicilio en Ciudad
Jardín. Fue consejero del jefe de la Fuerza Aérea y recorría permanentemente
las bases aéreas dando instrucción de su especialidad: la defensa aérea.
Su actuación en la Legión Cóndor
durante la guerra civil española le permitió llegar al país sin dificultades
idiomáticas.
Pronto
conoció a Perón y entre ellos nació una mutua estima y simpatía. «Considero
que fue uno de los grandes conductores de este país latinoamericano que mereció
el amor de su pueblo», le indicó Galland al autor en 1994.
Trabajó
en el país durante siete años, pero al ingresar a Alemania la OTAN en 1954,
fue llamado por las autoridades germanas para ocupar la jefatura de la nueva
Luftwaffe, hecho que finalmente no ocurrió. Retornó a su patria a principios
de 1955, habiendo escrito aquí un clásico de la historia de la Segunda Guerra:
Los primeros y los últimos, traducido en 14 idiomas con un tiraje
de tres millones de ejemplares.
Otro
piloto famoso fue Hans Rudel, que al comando de su avión Stuka destruyó
más de quinientos tanques soviéticos y hundió varios barcos. Perdió una
pierna en combate, pero ello no fue impedimento para seguir luchando hasta el
fin de la guerra. Rudel era intensamente buscado por la Unión Soviética junto
al As de Ases Erich Hartmann, quien había derribado más de trescientos aviones
en el frente ruso. Hartmann, capturado y confinado a trabajos forzados, seria
liberado a solicitud del gobierno alemán en 1955.
En
Bariloche, Rudel pronto se hizo conocido por sus grandes cualidades como
esquiador, y su paso por allí es recordado con afecto y respeto por aquellos
que compartieron una pasión deportiva común.
Otra
figura relevante fue sin dudas el físico nuclear austríaco Ronald
Ritcher--famoso por la planta nuclear de la isla Huemul- que trabajó en campos
de la ciencia donde el país estaba rezagado. Ritcher fue recomendado a Perón
por el mismo Kurt Tank. Ellos se habían conocido en 1946 en Londres, en las épocas
en que los responsables del desarrollo tecnológico alemán eran sometidos a
intensos interrogatorios. En aquella oportunidad habían conversado de la
factibilidad de realizar un avión a propulsión nuclear. Fue en la Argentina
que ambos comprobaron la inviabilidad técnica del proyecto por tener que aislar
al reactor con gruesas y pesadas paredes de plomo.
Ritcher
comenzó sus tareas en un hangar de la FMA, pero debido a lo riesgoso de sus
experimentos solicitó a las autoridades mudar su lugar de trabajo. Luego de
recorrer por aire todo el país, eligió para montar su laboratorio la pequeña
isla Huemul, frente a la ciudad de Bariloche.
En
ese lugar, y con un abultado presupuesto, comienza a investigar en campos vírgenes
en materia nuclear con la finalidad de obtener energía eléctrica a bajo costo
y un motor nuclear para ser utilizado en submarinos. El 24 de marzo de 1951, el
presidente Perón llama a conferencia de prensa en la Casa Rosada y anuncia:
< El 16 de marzo de 1951, en la Planta Piloto de Energía Atómica en la isla
Huemul, de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares
bajo condiciones de control en escala técnica >.
La
noticia corrió como un reguero de pólvora por el mundo entero. ¡Un país
sudamericano había llegado a la fusión nuclear!. Pero tiempo después, se
descubrió que Ronald Ritcher había realizado sus conclusiones erróneamente a
partir de una lectura defectuosa de un aparato de medición. De cualquier
manera, la famosa isla Huemul se convirtió en un símbolo lleno de misterios,
millones invertidos y sin dudas un importante envión del desarrollo nuclear
argentino futuro. Perón jamás
perdonaría a Ritcher el papelón mundial que pasó con aquella declaración.
Ritcher ocupó el lugar que debería haber correspondido al premio Nobel
de Física Werner Heisemberg, quien luego de haber aceptado la invitación de
las autoridades argentinas finalmente nunca llegó al país. Otros científicos
como Beek, Haffke, Ehremberg, Seelman Eggbert, Greinel y los italianos Abele y
Pinardi, también estuvieron ligados al proyecto nuclear argentino a través de
la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
Este
grupo fue el encargado del desarrollo de la bomba voladora teleguiada PAT-1,
conocida durante la guerra como Henschel HS-293
y que fuera el verdadero antecesor de los famosos misiles aire-superficie
Exocet franceses y el Harpoon
americano. El proyecto colocaba a nuestro país en un nivel excepcional en la
tecnología del teleguiado los gases propulsantes, los motores para cohetes,
etc.
Henrici
llegó con su hermano que era piloto de pruebas; en su equipo contó con
hermanos Mendel, ingenieros aeronáuticos los doctores Groth, Marquard y Diedri
los ingenieros Stainer y Dietrich, y con dirección militar del general Werner
Baumbach, ex jefe de bombardeo de región norte de la Luftwaffe. Con
ellos colaboraron otros técnicos como Lieberwirth Fischer, Plett, Dorner,
Keller, Lorenz y Libermann. Su proyecto se llevaba a cabo bajo la
responsabilidad de la oficina de Armas Especiales de Fabricaciones Militares
(FM).
En
octubre de 1952 y cuando entrenaba para realizar una exhibición ante Perón con
el Pulquí II, fallece en Córdoba el piloto de pruebas del grupo Tank Otto
Behrens, al no poder sacar a tiempo el avión luego de una barrena de cola.
El
23 de octubre del año siguiente, al realizarse un vuelo de pruebas para lanzar
una bomba voladora, se accidenta sobre el río de la Plata, frente a las costas
de Quilmes, el avión Avro Lancaster
B-036, luego de incendiarse uno de sus motores. Como consecuencia del
accidente, fallecen el general Wemer Baumbach, que viajaba en la proa del avión
de donde se radio controlaba el misil, y uno de los hermanos Henrici, quien se
encontraba en la cabina. También falleció un suboficial argentino; el resto de
la tripulación alcanzó a nado la costa.
La
convivencia del grupo alemán que llegó luego de la guerra queda testimoniada
en el prólogo de la primera edición del libro de Adolf Galland, Los
primeros y los últimos, editado en Buenos Aires en 1955: «En aquella hora
crucial, algunos de nosotros recibimos el llamado de una Nación con la que la
nuestra, siempre y a toda hora, estuvo vinculada por lazos de sincera amistad, y
cuya hidalguía y lealtad eran proverbiales en toda Alemania, desde mucho antes
de los días del acorazado Graf Spee. Allí
se me ofrecía la posibilidad de reanudar mi vida como aviador, bloqueada sin
esperanzas por el infortunado fin del conflicto, al servicio de un país amigo
que nos recibía sin prejuicios y con los brazos abiertos. «Mis esperanzas se
cumplieron plenamente. En la Argentina, y muy especialmente en mi círculo de
camaradas argentinos, me sentí a mis anchas desde el mismo momento de mi
llegada. La grandeza del país, sus múltiples bellezas, la amable, franca y
abierta manera de ser de su pueblo, todas esas aquellas virtudes que encierra el
vocablo "gaucho", despertaron en mí la misma respetuosa simpatía que
me suscitaron la vitalidad y la voluntad creadora de esa joven nación, factores
éstos que han influido en los admirables progresos que en materia social, económica
y política han experimentado en los últimos años, bajo la conducción de su
presidente, el General Juan Perón.
(...)
En todo el mundo existían barreras para todo lo alemán. En cambio entre las
Fuerzas Armadas Argentinas no tropezamos con prejuicios de ninguna naturaleza.
Ante los ojos de los camaradas argentinos habíamos perdido la guerra
pero no el honor. Ninguno de nosotros podrá olvidar jamás la innata
caballerosidad de la Nación Argentina que se evidenció plenamente en aquella
recepción».
Ocurrida
la Revolución Libertadora, una ola de odio barrió con todo aquello que tuviera
impronta peronista. Kurt Tank fue presionado y amenazado con la cárcel por
tenencia de pasaporte falso, el mismo que le había permitido huir de Europa.
Emigró a la India y allí concretó un proyecto que había comenzado a diseñar
en Córdoba, el caza todo tiempo birreactor denominado “Marut”. Falleció en
su Alemania natal en 1989.
La
mayoría de los científicos emigraron a los EE.UU., donde fueron rápidamente
contratados por empresas como la Lockheed, la Boeing, la Martin, la Republic,
etc.; otros, con un panorama alemán más tranquilo a diez años de finalizada
la guerra, retornaron a su patria.
Sólo
unos pocos quedaron, pero igualmente el proyecto aeronáutico argentino había
dejado de existir. Hubo una luz de esperanza con el proyecto desarrollista de
Frondizi, pero duró lo que un suspiro.
Pero
tal vez el mayor pecado no haya sido el retiro casi forzoso del contingente alemán,
sino el no haberlos reemplazado con otros técnicos del mismo nivel de las altas
casas de estudios. La FMA, de estar en la vanguardia mundial en tecnología
aeronáutica en 1950, pasó a ser una terminal de armado de sencillos modelos
adquiridos bajo licencia y sólo un diseño autóctono concretó en el futuro,
no sin muchos contratiempos, el IA-58 Pucará.
El IA-33 Pulqui II:
una ilusión frustrada
El
Pulqui II fue un avión de caza, pionero en el uso de alas en flecha, capaz de
alcanzar altas velocidades subsónicas. Este proyecto de avión fue propuesto
por el profesor alemán Kurt Tank al presidente Perón en 1947.
Tank
había llegado al país trayendo consigo los planos del proyecto TA-183 que
estaba en pleno desarrollo en la fábrica alemana Focke Wulf al terminar la
segunda guerra. Este avión había sido diseñado por el ingeniero Mullthopp por
encargo de Tank. Se trataba de un caza con alas flechadas, ágil y maniobrable
para volaren en los límites de la barrera del sonido. Con un armamento de un 8
por ciento del peso total, debería tener capacidad para operar en pistas semi-
preparadas, con un resistente tren de rodaje y capaz de realizar despegues y
aterrizajes con poca longitud de pista. Además, su mantenimiento debería ser
sencillo.
Al
llegar a la Fábrica Militar de Aviones (FMA) y a la espera de la incorporación
del resto de su equipo alemán, Tank comenzó a organizar el trabajo, con la
enorme dificultad de no hablar el castellano. Se comenzaron de inmediato a
elaborar maquetas de túnel de viento para lograr las primeras conclusiones,
pero había detalles que no podían resolverse con este sistema de investigación.
Por
ello, se decide la construcción de un modelo a escala real sin motor para
verificar su comportamiento a bajas velocidades, sobre todo, durante el despegue
y el aterrizaje. El planeador se construye con madera, tela y refuerzos metálicos,
para facilitar el decolaje se le incorpora en el vientre del fuselaje un patín
esquí.
Salvo
en su longitud, el modelo era idéntico al TA- 183 y realizó su primer vuelo el
20 de octubre de 1948, remolcado por un Glen Martin-139 y piloteado por el mismo
Tank. En ese primer testeo, la aeronave manifestó buenas cualidades de vuelo,
excepto en la respuesta tardía del timón, luego de bruscos movimientos de la
palanca de mandos.
En
sucesivos ensayos se fueron probando nuevas configuraciones del plano de deriva,
hasta que el planeador dejó conforme al conductor al cabo de unos cincuenta
vuelos. El excelente piloto argentino Edmundo Osvaldo Weiss participó
activamente en esta etapa del desarrollo del 1 AE-33.
Una
vez decididas las líneas exteriores, se inició la construcción de dos
prototipos en forma simultánea bajo la dirección del ingeniero Bansemir. Para
entonces la relación y la comunicación entre los germanos y argentinos se hizo
más fluida y los trabajos se llevaron adelante con marcado entusiasmo. El mayor
inconveniente a superar fue la mayor dimensión de la turbina británica Rolls
Royce, que con un diámetro de 1,26 metros y un largo de casi tres, obligó a
prolongar la longitud del fuselaje y los anclajes del motor, con respecto al
diseño original traído de Alemania.
Al
primero de los prototipos se lo colocó en una ménsula para ensayos estáticos
y se lo sometió a cargas artificiales, hasta el límite de la rotura, para
obtener parámetros de la resistencia estructural de la máquina.
Al
segundo avión, se le montó la turbina RR «Nene II» y estuvo en condiciones
de volar a mediados de junio de 1950, cuando el día 16 el capitán Weiss trepó
a la cabina y luego de probar los mandos aceleró la turbina y elevó por
primera vez el Pulqui II en los cielos cordobeses. El vuelo tuvo una duración
de 28 minutos, y en él Weiss realizó todas las maniobras básicas aplicables a
un prototipo, estando en permanente contacto radial con Kurt Tank.
Al
descender de la máquina, luego de un potente aterrizaje, el piloto resaltó la
agilidad y la docilidad de conducción, en medio de una algarabía generalizada
entre los técnicos y obreros que presenciaron con tenso entusiasmo tal
acontecimiento.
Tres
días más tarde, fue el piloto de pruebas del grupo alemán, Otto Behrens, el
encargado de elevar por segunda vez al Pulqui. Aquí la máquina fue más
exigida y otra vez se manifestó el inestable comportamiento lateral a partir de
los 700 km/h. Desafortunadamente, el piloto alemán aproximó a la pista
con poca potencia y al tocar el avión comenzó a dar saltos hasta romper
parcialmente el tren de aterrizaje, pero Behrens salió indemne de esta
peligrosa situación.
La
máquina fue reconstruida y se le incorporaron algunas poco visibles pero
importantes modificaciones. Fue rediseñado el sistema de amortiguación, se
modificó el borde de ataque alar, el timón y se regularon las cargas.
Recién
en octubre estuvo listo el Pulqui II modificado, siendo el mismo Tank el
encargado de efectuar el primer vuelo en su nueva creación, luego de dos años
de forzosa inactividad. En este vuelo, el piloto llegó a tocar los 1.040 km/h,
pero se encontró con un serio problema de sombra aerodinámica que afectaba al
empenaje en «T» cuando el avión entraba en pérdida, por tanto los técnicos
e ingenieros tuvieron que trabajar para minimizar este problema.
8 de febrero de 1951,
presentación oficial del Pulqui II
Muy
temprano, en aquella soleada mañana porteña, Tank telefoneó a Perón desde Córdoba
y a tono de chanza le manifestó al presidente que el Pulqui II llegaría antes
al Aeroparque, que él desde su residencia presidencial de Olivos. Perón aceptó
el reto, pero no contó con que su trayecto en automóvil se iba a ver
entorpecido por el tránsito del público que se dirigía al Aeroparque
Metropolitano, para ver en acción a esta ilusión argentina. ¡Tank cumplió su
palabra!.
Realmente
fue un día de júbilo, el público convergía numerosamente desde toda la
ciudad. Enormes eran las expectativas de ver este modelo orgullo de la ingeniería
aeronáutica, que había conmovido a la opinión pública nacional y aún más
allá de nuestras fronteras.
El
as alemán de la segunda guerra Hans Rudel, testigo de aquel día, recuerda: «Decenas
de miles habían llegado en ómnibus, camiones, automóviles, bicicletas y a
pie, para ser testigos de este acontecimiento decisivo para la aviación
argentina. Por supuesto estaba reunida toda la colectividad alemana y
uno pudo ver muchas caras conocidas».
Pasadas
las ocho de la mañana, llegó el presidente, revistó las tropas y acudió a
saludar al profesor Tank, quien le enseñó al Pulqui II
y lo comparó con otra creación propia, el biplano FW-44 que estaba
estacionado junto al nuevo jet.
Mientras
el presidente ascendía al palco de honor y saludaba a los invitados, Tank vistió
sus ropas de vuelo. Luego se dirigió al avión y el tiempo tardado en conectar
la radio, colocarse la máscara de oxígeno y probar el instrumental, hizo
crecer la ansiedad del público, la que se aplacó parcialmente, cuando un
tractor remolcó al Pulqui hasta la calle de rodaje hacia la cabecera de pista y
con un ensordecedor silbido Tank puso en marcha la turbina RR “Nene II”. El
piloto alemán probó la planta de poder acelerándola en punto fijo, luego, bajó
las revoluciones, soltó los frenos y dirigió al plateado avión hasta
alinearlo con la cinta de concreto. Aceleró la turbina y comenzó una limpia
carrera de despegue, para elevar el avión frente al palco oficial.
El
avión trepó velozmente hasta los 1.000 metros, giró suavemente y descendió
para efectuar una pasada rasante a 25 metros a más de novecientos km/h sobre el
aeródromo, luego pasó dos veces en sentido inverso y a baja velocidad, para
trepar posteriormente hasta los 13.000 metros a todo motor, efectuando «tonneaux»
y semicírculos, los que se repitieron hasta las maniobras de descenso.
El Pulqui II se acercó al
Aeroparque, cubrió el circuito de tráfico y Tank posó suavemente la máquina
sobre la pista a 170 km/h, luego carreteó hasta las proximidades del palco,
mientras los aplausos y la algarabía del público estallaban por toda la
aeroestación. Tank detuvo el avión, se arrojó desde el ala y se acercó a Perón,
de quien recibió un abrazo y unas emocionadas felicitaciones. El brindis y los
discursos tuvieron lugar en el Hall del Aeroparque, donde las felicitaciones y
los estímulos de las autoridades invitadas llegaron a todos los componentes del
grupo.
Tank
comentaría en el lugar, que en un momento de la exhibición, el Pulqui trepidó
extrañamente, comprobando luego que el fenómeno se había producido a causa de
la corriente térmica ascendente generada por la usina termoeléctrica ubicada
en las proximidades del Aeroparque.
En
el momento de los discursos, el ministro de Aeronáutica, brigadier César
Ojeda, resaltó los logros de la FMA y el aporte de los técnicos del grupo
Tank, reconociendo asimismo la voluntad política del presidente Perón para con
la aeronáutica nacional. Posteriormente tomó la palabra el presidente, y de
sus dichos se destaca: «Señores: Yo deseo en esta oportunidad un recuerdo de
mi gratitud para los hombres que han trabajado en la concepción de esta máquina.
Yo
no olvido, ni olvidaré nunca, que los hombres bien nacidos tienen una condición
por sobre todas sus condiciones, y que es la gratitud. Yo, en la Escuela de
Guerra, en el Colegio Militar, recibí la valiosa enseñanza de numerosos
profesores alemanes a los cuales les debo, quizá, gran parte de la cultura
militar que he adquirido en mi vida, y guardo para ellos la profunda gratitud
que es obligación de conservar para todo hombre bien nacido.
“A
esa gratitud, que guardo y guardaré toda mi vida para con esos dignos
caballeros y soldados que dieron de si lo que tuvieran para enseñamos y para
instruirnos, debo agregar hoy la gratitud de un hombre formado y la gratitud de
la Nación, al profesor Kurt Tank, a cada uno de los técnicos que han trabajado
en la concepción de esta máquina, como así también a los obreros argentinos
que la han construido. «El mérito de esto es, pues, de estos hombres que
llegan a nuestra patria con un corazón sin prejuicios y con un alma inclinada a
colaborar y a trabajar con nosotros para lograr las conquistas aeronáuticas con
que soñamos. A ellos va mi palabra agradecido.
“(...
) y por que la felicidad, la tranquilidad y el éxito sigan acompañando al
profesor Tank, como así también a todos los técnicos que constituyen para
nosotros un núcleo de nuevos hermanos argentinos que se incorpora a trabajar, a
luchar y a vivir con nosotros.”
Pocas
semanas después de la presentación del Pulqui II,
llega a Buenos Aires, en visita oficial, el príncipe consorte de la reina
de Holanda, Bemhard vol Lippe-Biesterfe. Este destacado miembro de la realeza
europea, muy propenso a los negocios, fue recibido por las autoridades locales
en el recién inaugurado Aeropuerto 1nternacional Ezeiza.
Las
actividades protocolares llevaron al príncipe Bernardo a reunirse con el
general Perón y su esposa Eva en los salones de la Casa Rosada. Posteriormente,
en una entrevista con el ministro de Aeronáutica, el príncipe le ofrece a éste
un modelo turbina de avión de la fábrica que él representaba, y que estimaba
sería de utilidad para el Pulqui II. Asimismo,
solicitó al ministro argentino una demostración de la nueva máquina, ya que
la Fuerza Aérea de su país necesitaba reequipar el arma caza.
El
brigadier Ojeda se comunica por teléfono a Córdoba le pide a Tank si al día
siguiente podía hacerle en Buenos Aires una demostración al príncipe
Bernardo. En forma inesperada, el
ministro recibió una cerrada negativa por parte de Tank, que exclamó «Yo no
hago demostración delante de alemanes traidores».
Luego
de muchas palabras, el profesor entendió que no se podía desairar a una
personalidad que se encontraba en visita oficial y que además estaba interesado
en comprar Pulquis para su país.
Así,
en otra hermosa mañana otoñal porteña, el IA-33 posa elegantemente sus
ruedas, en el Aeroparque Metropolitano, y Tank dirige la máquina hasta el
sector militar donde era esperado por el príncipe Bernardo, su ayudante, el
mayor Sonderman y el ministro Ojeda. Kurt Tank mostró a 1os visitantes el avión
en tierra y luego realizó un vuelo de demostración. Al concluirá, puso rumbo
a Córdoba para no saludar al príncipe.
El
31 de mayo, la Fuerza Aérea Argentina había designado a un grupo de pilotos
para hacer el seguimiento de adaptación del avión que reemplazaría a los Gloster
Meteors en el arma de caza.
El
oficial jefe, comandante Soto, fue el primero en trepar al IA-33. En el grupo
constructor se vivían momentos de expectativa. Era la primera vez que el Pulqui
II sería tripulado por pilotos que no eran de prueba. Soto recibió las
instrucciones previas, llevó a la máquina hacia la cabecera de pista y se
levantó limpiamente luego de una normal carrera de despegue. Se dirigió hacia
las sierras, realizó unas vueltas y finalmente enfiló hacia la pista donde
aterrizó sin inconvenientes.
El
siguiente turno de ensayo le correspondió a un excelente piloto de caza, el
capitán Vedania Mannuwal, descendiente de hindúes, un intrépido profesional
del vuelo que dos años antes había trepado con su Gloster
Meteor hasta los 15.100 metros de altitud, siendo su proeza todo un
récord para la región. Mannuwal despegó el avión y poco después comenzó a
realizar un vuelo acrobático y notoriamente más arriesgado que él de su jefe.
Desafortunadamente, en una maniobra a alta velocidad, el Pulqui II plegó un ala
y el piloto se eyectó invertido, cayendo a tierra sin llegar a abrir su paracaídas.
Es de destacar que en aquella época los asientos eyectables eran de primitiva
concepción y complejo accionamiento.
El
proyecto cobraba su primera víctima fatal luego de 28 vuelos de prueba.
Estudios de los restos de la máquina establecieron que la causa del
accidente fue un defecto en los pernos de anclaje posteriores (debilidad en las
tomas traseras).
Días
después del fatal accidente, Tank se entrevistó con Perón, quien le reiteró
la confianza y la continuidad del proyecto, sin dejar de lamentarse por el
infortunado suceso. Perón además le pidió a Tank que no realizara más vuelos
de prueba, pero el experimentado constructor se negó afirmando: «No hay
ninguna teoría que pueda reemplazar la práctica de las experiencias; además,
las estadísticas indican que a medida que un piloto se pone más viejo,
disminuyen los riesgos de accidentes».
Con
la confianza renovada, se comienza a construir el tercer prototipo del I-AE-33,
aunque a marcha más lenta, pues el I AE-35 «Justicialista del Aire» -después
llamado «Huanquero»- estaba a punto de realizar su primer vuelo.
En
tanto en el país se generaban las primeras dificultades políticas que
comenzaban a amenazar al régimen local, cuando algunos sectores de las Fuerzas
Armadas intentan sin éxito derrocar a Perón. Como algunos pilotos de la Fuerza
Aérea se habían plegado a la insurrecta intentona, el ministro de Aeronáutica
presenta su renuncia indeclinable, siendo reemplazado por el gobernador de la
provincia de Córdoba y ex director de la FMA brigadier Juan Ignacio San Martín,
ocupando el cargo de secretario del ministro el comandante Edmundo Osvaldo
Weiss.
Con
estas designaciones, la continuidad del plan aeronáutico estaba asegurada.
El
nuevo prototipo del Pulqui II capitalizó sin dudas las experiencias de sus
antecesores y exteriormente lució un timón rediseñado, transmisión de mandos
modificable en vuelo, frenos aerodinámicos nuevos y un aumento en la capacidad
de combustible que ampliaban el alcance en más de mil kilómetros. Su
construcción se concluyó en marzo de 1952 y de inmediato comenzaron las
pruebas a cargo de Behrens y Tank.
Perón
es invitado para una nueva demostración a llevarse a cabo en la FMA de Córdoba
el día 11 de octubre de 1952, pero sólo dos días antes del acontecimiento, el
piloto Otto Behrens, en un vuelo de entrenamiento, realizó una pasada rasante
sobre la pista, trepó hasta unos ochocientos metros, para luego caer en
peligrosa barrena dorsal de la cual el piloto enderezó tarde el avión, dando
la máquina con estrépito contra el suelo, muriendo su tripulante en forma
instantánea. Otto Behrens había sido uno de los integrantes del grupo alemán
más optimista, activo y compañero. Era un excelente piloto, aunque muy
autosuficiente. Su muerte conmovió a sus compatriotas y camaradas argentinos.
En
su despedida habló el as alemán Hans Rudel, un oficial de la Fuerza Aérea y
posteriormente Tank le dio el último adiós. El féretro con su casco de piloto
fue trasladado hasta el avión ambulancia por un grupo de cadetes. Behrens no
sería el único del grupo alemán que perdería la vida en estas tierras.
En
1953 se concluye el cuarto prototipo, que sería el que fuera sometido a mayor
cantidad de pruebas en sus casi tres años de experimentación. Es seguro que en
países presurosos apremiados por la posesión de un avión de combate, se
hubiera comenzado con la construcción de una PRE-serie y solucionar los últimos
inconvenientes sobre la marcha.
Este
último prototipo incorporó canalizadores de flujo sobre las alas y en la parte
final del fuselaje, se extendió la autonomía a tres horas, se instaló el
sistema de presurización, cámaras para registrar las performances y los cuatro
cañones para comenzar las pruebas de tiro.
El
jefe de pilotos de prueba era el primer teniente Jorge C. Doyle y estaba
secundado por los tenientes Rogelio Balado y Nelio González. Entre estos tres
pilotos y el mismo Tank se alternaría la conducción del Pulqui.
El
primer vuelo lo realizó el teniente González y en experiencias sucesivas se
trabajó para homogeneizar los mandos en los que persistía el defecto por el
cual el accionamiento del timón predominaba por sobre los alerones.
Con
la adopción de «sandowns» -gomas especiales- se fue endureciendo
paulatinamente su accionamiento hasta que finalmente se logró el efecto
deseado.
Hacia
1954, el IA-33 tenía un excelente comportamiento a velocidades elevadas y la única
precaución en el pilotaje era durante el descenso, cuando el avión se mostraba
inestable a bajas velocidades, como todo avión de alas en flecha, ya que al
llegar a la pista siempre tocaba con una sola rueda, siendo ello algo delicado
debido a su escasa trocha.
El
capitán Doyle inició unas satisfactorias pruebas de tiro con los cuatro cañones
de 20 milímetros. El mismo piloto de testeo de presurización de cabina alcanzó
el techo máximo registrado de 45.000 pies de altitud (unos quince mil metros) y
en otra experiencia logró la velocidad máxima indicada con 1.083 km/h,
asegurando que con una planta de poder con mayor potencia podría aumentarse la
velocidad máxima sin dificultad estructural.
Al
mismo tiempo, se comenzaba a planificar 1a producción en serie del Pulqui II y
se estudiaba una versión todo tiempo equipada con radar. También se estaba
planificando una gira mundial de exhibición para interesar a posibles
compradores.
Además,
en la FMA, se recibían misiones comerciales y técnicas de muchos países,
destacándose la de la Unión Soviética, la de la empresa North American de los
EE.UU., que fabricaba el P-8 Sabre, la de Egipto que llegó con una propuesta en
firme para adquirir todos los Pulquis disponibles (había sólo un) , etc.
Ya
en 1955, los avatares políticos comienzan a influir en forma decidida dentro de
la FMA y sus programas, el gobierno constitucional experimenta un acelerado
desgaste en sus casi diez años de gestión, terminando todo en un violento
golpe de estado en septiembre de aquel año. En la FMA los militares que tenían
funciones fueron puestos presos o pasados a retiro. Esta fractura tendría
consecuencias funestas para la continuación de los desarrollos y se agravarían
severamente cuando Kurt Tank es presionado por las nuevas autoridades, quienes
lo acusaban «legalmente» por tenencia de documentación falsa (se trataba de
un pasaporte a nombre de Pedro Matis entregado por los servicios secretos
argentinos para poder huir de Europa). Tank pronto se cansaría de esta
persecución y se marchó del país como así también gran parte de su equipo.
Sin embargo, algunos integrantes argentinos del proyecto Pulqui que eran afines
a la nueva administración de facto se sintieron defraudadas por la decisión
gubernamental de desactivar el grupo Tank pero todo intento de convencer a las
altas esferas revolucionarias era en vano.
Récord y último vuelo
del cuarto prototipo
En
un desesperado intento de revertir las cortantes iniciativas del gobierno, en la
FMA se diseña un vuelo de demostración sin antecedentes en el mundo en aviones
similares al Pulqui. Se trataba de un vuelo Córdoba-Morón-Córdoba, con tres
pasadas de tiro sobre el aeropuerto bonaerense, sin tanques de combustibles
suplementarios (unos mil seiscientos kilómetros). En la fábrica se trabaja
aceleradamente y se designa como piloto al capitán Rogelio Balado.
Luego
de unos días de preparación del avión, Balado trepa al Pulqui repleto de
combustible y municiones de guerra. Despega
de Córdoba y pone rumbo a Buenos Aires a 35.000 pies de altitud (10.500
metros), en menos de una hora llega a Morón y realiza las tres pasadas de tiro
disparando sus cañones de 20 milímetros para posteriormente poner rumbo a Córdoba
a máxima altura para ahorrar combustible. Desafortunadamente, una falla en el
sistema de abastecimiento de oxígeno del piloto provoca que su organismo
entrara en una hipoxia –escaso abastecimiento de oxígeno al cerebro-,
comenzando a hablar por el radio en forma incoherente y eufórica. Al llegar a
la cabecera de pista en Córdoba, el piloto tocó tierra con excesiva velocidad,
terminando el aterrizaje en un violento accidente del que Balado salvó
milagrosamente su vida.
A
fines de 1956, el brigadier Ahrens se reúne con el ingeniero Guillot, a cargo
de la planificación de la FMA, y le pregunta cuánto tiempo tardaría en
fabricar 100 Pulquis. El ingeniero le indica que tiene en existencia alas y
fuselajes para fabricar de inmediato 10 aviones y que además la FMA contaba con
la licencia de la Rolls Royce para fabricar la turbina «Nene II», asegurándole
que al cabo de cinco años la FMA entregará el avión número 100.
El
brigadier Ahrens replicó diciendo que tenían apuro para reemplazar a los «Calquín»
y que tenía una oferta americana de 100 F-86
Sabres con entrega inmediata, cancelando la posibilidad de fabricar en serie
el avión hasta poder exportarlo.
La
Fuerza Aérea recibe sólo 28 aviones Sabres, veteranos de la guerra de Corea, y
fueron entregados... ¡casi cinco años después de aquélla reunión.!
Quinto y último prototipo del L4-33
Eran
épocas del presidente Frondizi, los alemanes ya no estaban en el país, sin
embargo, en la FMA se construye un quinto Pulqui, hecho sólo por argentinos. El
mismo realiza su primer vuelo el 18 de septiembre de 1959 conducido por el
primer teniente Roberto Starc. En total se concretaron con este avión una
docena de vuelos de prueba, alterando el puesto de pilotaje el teniente García.
Lamentablemente, el proyecto no tenía casi ningún empuje político y
efectuó su último vuelo en 1960, a diez años desde que Weiss lo remontara por
primera vez en los cielos cordobeses.
Con
un bello esquema de colores con fondo blanco y vivos rojos, el quinto IA-33
Pulqui II se archivó en un hangar de la FMA hasta que se decidió su
traslado al Museo Aeroespacial de la Nación, sito en el Aeroparque
Metropolitano. En el mismo lugar, el pueblo argentino había sido testigo de una
ilusión nacional el 8 de febrero de 1951.
Referncia
Parte de la Nota -
Los
Cientificos Alemanes y Peron - Revista Todo es Historia - Mayo 1995

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